Socialismo Internacional

Periódico de la Organización Socialista Internacional

Colombia: Las FARC ante la muerte de `Tirofijo´

Posted by Socialismo Internacional en junio 12, 2008

Raúl Zibechi

Con la muerte de Manuel Marulanda las FARC completan un relevo generacional que se venía demorando por la extraordinaria relevancia del principal dirigente de la guerrilla, pero también por el fuerte acoso militar y político que viven los 10 mil combatientes que la integran.

Más de cien veces anunciaron su muerte. Pero, como apuntó Piedad Córdoba, senadora liberal enemiga del presidente Álvaro Uribe y amiga de Hugo Chávez, Manuel Marulanda Vélez “se salió con la suya al morir de muerte natural”. Aunque las crónicas dicen que tenía 78 años, el escritor Alfredo Molano, quien lo entrevistó en varias ocasiones y es uno de los mejores conocedores de la guerrilla de su país, sostuvo que le faltaban “menos de dos meses para cumplir los 80”, ya que “era mayor por un día que Ernesto Che Guevara”.

El gobierno de Álvaro Uribe echó las campanas al vuelo, ya que con Marulanda son tres los miembros del Secretariado de las FARC muertos en apenas tres semanas. Nunca la dirección de la guerrilla había vivido tantas bajas en tan poco tiempo. Sin embargo, la mayoría de los especialistas y el sentido común indican que las FARC han mostrado por décadas una sólida cohesión interna y que, aun golpeada, tiene capacidad militar para seguir adelante.

Guerrillero liberal

Pedro Antonio Marín tenía sólo 18 años cuando el asesinato del líder liberal Jorge Eliécer Gaitán, el 9 de abril de 1948, precipitó a Colombia en una guerra civil que provocó unos 300 mil muertos, hasta que en 1955 el general Rojas Pinilla dio un golpe de Estado y decretó la amnistía. “La Violencia” no sólo arrebató vidas sino que truncó vocaciones. Como la de Pedro Antonio, que “hubiera sido un hombre muy rico de haberse dedicado al cambalache”, como sostiene Molano.

Irse al monte fue la única opción que tuvo Marín para salvar la vida. Por eso, el origen de las FARC es bien distinto al de las demás guerrillas del continente. Nacen de una rara confluencia entre liberales y comunistas, y son las herederas de las partidas de guerrilleros liberal–gaitanistas que resistieron como pudieron las masacres de los conservadores, godos o chulavitas, un lenguaje que remite al de los republicanos españoles. Y nacen las FARC, por encima de todo, como autodefensas campesinas en las zonas de colonización, allí donde los campesinos se aferraban a la tierra empujando la frontera agrícola para, simplemente, sobrevivir con sus familias.

Al echarse al monte, Pedro Antonio se convierte en Manuel Marulanda Vélez en homenaje a un dirigente obrero asesinado por los conservadores. No encajaba en la horma de los dirigentes guerrilleros del continente. Marulanda fue toda su vida un campesino. “Más que tímido, prudente y sagaz, tenía algo de astucia indígena”, lo describe Molano. Era respetado por su experiencia militar, pero sobre todo por su seriedad y sentido de la estrategia, al punto que nunca se despertaba donde se había echado a dormir. “Hablaba poco, miraba mucho y cuando tomaba una decisión, la sostenía hasta el final, y ese aspecto le abría un enorme crédito con sus subordinados. Era un hombre de fiar. Astuto, intuitivo y nada fantasioso. Tenía un lazo de identidad profunda con campesinos e indígenas.”

Fundador de las FARC

“Las zonas de guerrilla o autodefensa son en primer lugar zonas de refugio”, asegura Daniel Pécaut, destacado especialista en la violencia colombiana.* Se trataba de miles de campesinos que huyeron al monte para salvar sus vidas. “Eran trabajadores campesinos que habían llegado a la guerrilla obligados por las circunstancias”, escribe Marulanda en sus Cuadernos de campaña.

La Violencia, escribe Pécaut, es un fenomenal proceso de desorganización del campesinado, pero politiza lo social. La concentración de refugiados en ciertos municipios, la presión en las zonas de frontera, alimentan numerosos conflictos. “La autodefensa se convierte de nuevo en una consigna ampliamente difundida, y poco después –a menudo bajo la iniciativa de las comunistas– se conforman verdaderas guerrillas”, concluye el francés.

La formación de las FARC fue un emergente de las resistencias campesinas, las únicas posibles, por otro lado, en aquellos años. Unos 140 mil muertos entre 1948 y 1953 representan el 1 por ciento de la población del país (unos 15 millones en el censo de 1951). Una cifra monumental gestada en sólo cinco años, que representa el mayor genocidio que conoció el continente en la era republicana. Sus víctimas eran campesinos pobres y trabajadores urbanos, porque fueron raros los liberales acomodados barridos por los godos.

“La Violencia contribuyó efectivamente a perpetuar un modelo de dominación que en 1947 parecía estar destinado a transformarse”, dice Pécaut. A contramano de lo que venía sucediendo en todo el continente, donde los terratenientes fueron desplazados por levantamientos populares (en Argentina en 1945, en Bolivia en 1952), por la modernización desde arriba (en Brasil desde 1930) o por tardías reformas agrarias (en Perú y Ecuador durante los setenta), en Colombia se consolida una clase dominante sin parangón en la región. Sórdida, violenta, mafiosa.

El relevo urbano

En la década del 60, cuando la “vieja guardia” de origen campesino funda las FARC junto a un puñado de comunistas, Colombia estaba en camino de convertirse en país urbano. El crecimiento de la industria, que deviene el sector más dinámico desplazando en alguna medida al café, abre espacios a los sindicatos y a otras formas de organización urbana. En 1970 emerge un amplio y radical movimiento estudiantil que desborda los marcos de la política tradicional. A comienzos de ese año el ejército ocupa las universidades de Bogotá y Medellín, pero la persistencia del movimiento consigue derrotar al gobierno de Carlos Lleras forzando la dimisión del ministro de Educación.

El eje de la acción colectiva se había trasladado del campo a la ciudad y de los sectores populares a las nuevas clases medias ilustradas. Ese nuevo protagonismo urbano se traduce en la crisis a raíz del fraude electoral que impidió el triunfo de Rojas Pinilla en las elecciones del 19 de abril de 1970. En ese clima de intenso activismo urbano, militarización de las universidades y represión, se fogueó una nueva camada de militantes sociales a la que pertenece, entre otros, Guillermo Sáenz, más conocido como Alfonso Cano. Nació en 1952 en un barrio elegante de Bogotá, Chapinero, sede de las clases medias altas que habían emigrado hacia el norte de la ciudad espantadas por el Bogotazo de 1948.

Hijo de un agrónomo y una profesora, Alfonso Cano se educó en un colegio católico, fue un destacado deportista, hincha del Millonarios y estudiante de antropología en la Universidad Nacional. En los setenta ingresó a la Juventud Comunista y fue detenido en varias ocasiones, la última en 1981, cuando purgó año y medio de cárcel y recuperó la libertad por la amnistía del presidente Belisario Betancur. Al salir de la prisión adoptó su nombre actual, dejó la ciudad y se perdió en el monte. Tres años después, en 1984, su familia lo volvió a ver, pero ahora retratado al lado de Marulanda en las negociaciones de paz.

Junto a Cano ingresó al Secretariado de las FARC Pablo Catatumbo, que con Iván Márquez completa la nueva generación urbana que releva a la vieja guardia campesina. Los tres jugaron un papel protagónico en las negociaciones de paz de 1991 y 1992, realizadas en Caracas y Tlaxcala, México. También se los pudo ver en la zona de distensión de San Vicente del Caguán, en la segunda mitad de la década del 90. De ahí que una parte de los analistas sostenga que esta nueva generación estará más dispuesta a entablar negociaciones de paz.

En las seis décadas que han transcurrido desde el asesinato de Gaitán, muchas cosas han cambiado en Colombia. Pero la intransigencia y la soberbia de las elites se mantienen intactas. Como prueba, ahí está la veintena de cadáveres de sindicalistas muertos por los sicarios del empresariado. Si las elites no toleran sindicatos, menos aun estarán dispuestas a realizar una reforma agraria, un mínimo reparto de tierras o el simple respeto de las parcelas campesinas, lo que llevó a que los Pedro Antonio Marín, sus familiares, amigos y vecinos se convirtieran en los Manuel Marulanda que seguirán peleando por no irse al infierno o al cielo antes de tiempo.


(*) Daniel Pécaut, Orden y violencia. Colombia 1930–1954, Siglo XXI, Bogotá, 1987.

Fuentes originales Brecha / rodelu.net / Socialismo o Barbarie

En las montañas de Colombia muere Miguel Marulanda Vélez

Algunas fechas y hechos en la vida de “Tirofijo”

• Pedro Antonio Marín es el nombre que recibió al nacer en un municipio rural del departamento del Quindío, zona cafetalera, según algunos en 1928 y según otros en 1930, en el seno una familia identificada, como la mayoría de los campesinos, con el Partido Liberal. A su nacimiento, Colombia es un país campesino, con apenas la cuarta parte de su población viviendo en las ciudades.

• 1948, año del “Bogotazo”. El asesinato del gran líder populista del Partido Liberal, Jorge Eliécer Gaitán y la insurrección que lo siguió, generalizan una guerra civil de hecho, que venía en crecimiento desde hacía años. Unos de sus principales incentivos era el asesinato de campesinos liberales para que sus tierras pasaran a manos de los terratenientes del Partido Conservador. Con otros rótulos políticos, en otras regiones y con otros cultivos, este mecanismo infernal se ha continuado hasta hoy en Colombia.

• Salve su vida: hágase guerrillero. El joven Pedro Antonio Marín y su familia son amenazados y corren peligro de ser asesinados por los “pájaros”, las bandas armadas por los conservadores, que serán el antecedente de los “paramilitares” de Álvaro Uribe, el actual presidente de Colombia. Pedro no tiene otra que echarse al monte para salvar su vida.

“Por eso, el origen de las FARC es bien distinto al de las demás guerrillas del continente. Nacen de una rara confluencia entre liberales y comunistas, y son las herederas de las partidas de guerrilleros liberal–gaitanistas que resistieron como pudieron las masacres de los conservadores… nacen… por encima de todo, como autodefensas campesinas en las zonas de colonización, allí donde los campesinos se aferraban a la tierra empujando la frontera agrícola para, simplemente, sobrevivir con sus familias.” [1]

• 1964, Marquetalia y la fundación de las FARC. Desde 1948 a 1964, mucha sangre ha corrido en los campos de Colombia (se calculan, por lo bajo, unos 300.000 muertos) y también se han producido varios cambios políticos. Pero ninguno de ellos favorece a los campesinos o a la clase trabajadora de las ciudades, que mientras tanto han ido creciendo en relación al campo.

En la guerra de guerrillas no le ha ido bien al gobierno conservador. Por eso, en 1953, un golpe militar, el del general Rojas Pinilla, derroca a los conservadores y da un giro político: ofrece la paz a las guerrillas campesinas. La mayoría cae en la trampa de desarmarse. El “acuerdo de paz” termina como de costumbre en la historia de la burguesía colombiana: con el asesinato de los incautos que entregaron las armas.

En 1957 cae Rojas Pinilla: los dirigentes del Partido Conservador y el Partido Liberal firman un acuerdo, el del Frente Nacional. Ambos partidos burgueses se turnarán en el poder, dejarán de combatirse entre sí y dedicarán sus esfuerzos a acabar, por las buenas o por las malas, con el monstruo que se les ha ido de las manos: los campesinos en armas.

Mientras tanto, en esos años, Pedro Antonio Marín ha sido parte de los campesinos liberales que, sensatamente, no se han desarmado. En un breve período, bajo la primera presidencia del Frente Nacional, la del liberal Lleras Camargo (1958-1962), se acoge a una amnistía. Pero luego, con otros cientos de familias, participa en la colonización de una apartada zona rural del sur del departamento de Caldas, en medio de la cordillera y de difícil acceso. Es la legendaria Marquetalia.

Los campesinos en armas de Marquetalia (y de otras zonas parecidas de colonización, como El Pato, Río Chiquito, Guayabero) no actuaban en el sentido de llevar adelante una guerra revolucionaria por la conquista del poder a escala nacional, sino de conservar sus zonas “independientes”. “Marquetalia no fue más que un intento de gobierno propio en una zona de colonización.” [2] Pero eso a la burguesía colombiana, al gobierno del Frente liberal-conservador (y a sus patrones de Washington) les resultaba intolerable. Así, en 1962 comenzaron los hostigamientos del ejército, que culminaron en 1964 con bombardeos aéreos con napalm –suministrado por EEUU– sobre los inermes campesinos.

Allí Pedro Antonio Marín encabeza en mayo de 1964 un grupo de 44 campesinos que logra romper el cerco de 5.000 hombres del ejército. Esa es la fecha que se considera como de fundación de las FARC, aunque en el fragor de la batalla nadie se preocupó de levantar un acta. Mientras tanto, Pedro Antonio Marín ya se ha transformado en Manuel Marulanda Vélez (nombre tomado de un dirigente sindical asesinado), al que sus hombres también llamarían “Tirofijo” por su certera puntería.

• Del Partido Liberal al PC. Otro cambio aún más importante: como otros campesinos en armas, Marulanda ha dejado el Partido Liberal para unirse al PC colombiano. Es una asociación que se mantendrá por largo tiempo, aunque las FARC como tales, nunca serán, en sentido estricto, una dócil “colateral” del PC.

Sin embargo, esa relación tendrá consecuencias ideológicas, políticas y programáticas fundamentales… y negativas: entre ellas, la misión imposible de encontrar un “sector progresista” de la burguesía colombiana con el cual acordar una “salida democrática” al conflicto.

Todos los intentos de “negociaciones de paz” –con los presidentes Belisario Betancur (1982-1986) y Andrés Pastrana (1998-2002)– se saldarán con decenas de miles de asesinados. Siguiendo su tradicional política (y al revés de lo ocurrido en Centroamérica), la burguesía y el estado colombianos no abrieron mayormente las puertas a la cooptación e integración de la principal guerrilla al régimen político. Lo que funcionó con bastante éxito en América Central hoy continúa bloqueado en Colombia.


Notas:

1. “Las FARC ante la muerte de Tirofijo”, por Raúl Zibechi, http://www.socialismo-o-barbarie.org, edición del 01/06/08.

2. La última batalla de ‘Tirofijo’, por Alfredo Molano Bravo, idem.

Fuente original Socialismo o Barbarie

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