Socialismo Internacional

Periódico de la Organización Socialista Internacional

La Primavera de Praga, una brecha más en el monolito estalinista

Posted by Socialismo Internacional en agosto 22, 2008

Estos días se celebra el 40 aniversario de aquel 20 de agosto de 1968, cuando las fuerzas del Pacto de Varsovia bajo mando soviético invadieron la entonces república de Checoslovaquia para dar fin a la denominada Primavera de Praga.

El proceso de lucha generalizada que tuvo lugar a nivel mundial convirtió 1968 en un año histórico. La humanidad, vivió una convulsión tal que tomó fuerza para mucha gente la idea de que “todo era posible”.

El proceso de lucha y resistencia contra la ocupación rusa de Checoslovaquia y por las reformas, no fue un proceso aislado del contexto internacional. La competencia económica entre los países de la URSS, la división en las filas de la clase dominante fruto de la crisis económica y la capacidad de lucha y confrontación de trabajadores y estudiantes, son factores clave para entender lo que significó la primavera de Praga.

Checoslovaquia, se caracterizó durante los años 50 por estar entre los regimenes comunistas más monolíticos del bloque del este ejerciendo un férreo control sobre la sociedad, basado en la censura y la represión. Pero las cosas empezaron a cambiar a principios de los años 60: en 1963 una breve recesión de la economía checoslovaca abrió una crisis entre los líderes del estado; en marzo de 1968 Novotny, el presidente del gobierno, admitió su derrota ante el apoyo masivo de la población al que fue llamado “proceso de reforma”, liderado por una parte de la burocracia contraria al conservadurismo de Novotny.

Ante el impresionante crecimiento de las movilizaciones a favor del proceso de reforma, los burócratas del aparato estatal que meses anteriores hacían llamamientos a la movilización para echar a Novotny del poder, trataban ahora de calmar la situación. Sin embargo, al contrario de lo que ellos esperaban, en lugar de disminuir la lucha fue en aumento, y empezó a tener las primeras consecuencias internacionales con el nacimiento de un movimiento de solidaridad en la vecina Polonia.

El gobierno checoslovaco liderado por el nuevo secretario general del partido, Alexander Dubeck, quedó atrapado entre las presiones que desde abajo se dieron por el cambio y las reformas, y por las presiones que desde el Kremlin pretendían reestablecer el orden. La situación se precipitó el 20 de agosto de 1968 con la entrada de las tropas rusas y sus aliados del pacto de Varsovia. En cuestión de horas centenares de tanques y cientos de miles de soldados tomaron los puestos fronterizos, los aeropuertos y las principales ciudades. Dubeck junto a otros ministros, fue deportado a las cárceles rusas.

Respuestas

A diferencia de lo que ocurrió en Hungría en 1956, las tropas rusas se encontraron con una resistencia no armada basada en acciones pacíficas de no cooperación y coordinada por sectores del aparato estatal. Y aunque la resistencia se mostró heroica en muchas ocasiones, el liderazgo de la movilización seguía en manos de los mismos que habían gobernado el país durante 20 años. Así, seis días después de ocupar el país, el Kremlin que no se había preparado políticamente para la ocupación, trasladó a Dubeck a Praga donde anunció el pacto por la normalización, que no era más que la reimposición gradual de la censura en la prensa y el despido de los trabajadores que habían mantenido las emisiones de televisión durante la ocupación. El pacto supuso en definitiva el fortalecimiento del control ruso sobre el aparato estatal.

Ante la situación, los estudiantes se lanzaron el 15 de noviembre a la ocupación de las facultades, ocuparon las aulas en toda Checoslovaquia y generaron un profundo sentimiento de solidaridad entre los trabajadores que se tradujo en paros de 30 minutos en algunos centros. En palabras de un líder estudiantil: “los estudiantes fuimos a las fábricas y los trabajadores vinieron a las universidades ocupadas, los debates nunca pararon”. Los trabajadores del ferrocarril avisaron que ni un sólo tren se movería de Praga si los estudiantes eran reprimidos.

Seguir con la ocupación, habría significado una confrontación directa con el aparato estatal y con las fuerzas de ocupación rusas. La masa de estudiantes no estaba preparada para una confrontación de esas características y, aunque algunos propusieron seguir con la ocupación invocando la experiencia francesa, al final se desconvocó tras tres días de intensa lucha.

El contacto entre los trabajadores de las fábricas y los estudiantes, se profundizaron en las semanas que siguieron y en los siguientes meses la oposición a la Normalización tuvo estallidos como las 800.000 personas que se manifestaron en Praga en enero de 1969, entre otros episodios.

Las protestas no consiguieron parar el restablecimiento del control burocrático pero dejaron claro en las mentes de millones de personas que el mundo comunista tenía de comunista, lo mismo que el mundo libre tenía de libre.

Guillem Boix es miembro del grupo español En Lucha.

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