Socialismo Internacional

Periódico de la Organización Socialista Internacional

El Estado en el centro de la tormenta

Posted by Socialismo Internacional en septiembre 28, 2008

Análisis

Las diversas crisis en curso tienen la enorme virtud de develar situaciones que, en el transcurso de la cotidianeidad, aparecen opacadas y resultan invisibles. Entre ellas, muestran el papel real de los estados-nación más allá de los discursos, tanto sus límites como herramientas para los cambios, así como el papel insustituible que juegan para las elites globales. Raúl Zibechi analiza el rol jugado por el Estado y la necesidad de que los movimientos sean los que lleven las luchas adelante.*

Las diversas crisis en curso tienen la enorme virtud de develar situaciones que, en el transcurso de la cotidianeidad, aparecen opacadas y resultan invisibles. Entre ellas, muestran el papel real de los estados-nación más allá de los discursos, tanto sus límites como herramientas para los cambios, así como el papel insustituible que juegan para las elites globales.

El colosal salvataje bancario que pretende imponer el gobierno de George W. Bush recuerda los análisis de Fernand Braudel, actualizados por Immanuel Wallerstein y Giovanni Arrighi para comprender los rumbos del capitalismo en su fase terminal. Para ellos, el capitalismo no podría haber triunfado ni puede permanecer sobre la Tierra sin colonizar y utilizar los estados, como herramientas centrales en el proceso de acumulación de capital. La utilización masiva de fondos públicos para auxiliar al sistema financiero convierte en polvareda ideológica la cacareada capacidad de los mercados de autorregularse. Y evidencia los discursos mentirosos sobre el papel marginal del Estado en la economía neoliberal, y, sobre todo, la grosera utilización de los estados en la realización de ganancias y en fortalecer el papel de las elites.

La negativa de Bush a beneficiar a los pequeños deudores mientras acude en auxilio del casino financiero, enseña las más excluyentes opciones de un Estado clasista. Sin embargo, el hecho incontestable de que el Estado sea pieza clave en el funcionamiento “normal” del sistema capitalista, más cuando la guerra se ha convertido en su forma habitual de funcionar, no quiere decir que sea un instrumento apto para la liberación de los pueblos. El drama boliviano señala precisamente esos límites.

De poco valió que Evo Morales alcanzara un increíble 67 por ciento en el referendo revocatorio de agosto. Si Bolivia no fuera un Estado colonial, la legitimidad del gobierno sería un hecho que nadie en su sano juicio podría contestar. Sin embargo, las elites económicas se resisten a perder el control de “su” Estado, que jugó papel destacado a la hora de permitirles acumular millones de hectáreas, base de su fortuna y poder, a raíz de la reforma agraria posrevolución de 1952, que debería haber beneficiado a los campesinos pobres de Santa Cruz. Ese Estado les facilitó una acumulación tal de riquezas que hubiera hecho empalidecer a Adam Smith cuando acuñó el concepto “acumulación primitiva” para dar cuenta del proceso de creación de un capital primigenio, previo a la puesta en marcha del proceso de acumulación por extracción de plusvalor.

La crisis de septiembre mostró la desesperación de las elites bolivianas ante la posibilidad de perder el Estado como punto de apoyo en su pugna por mantener su poder. La demanda autonomista no es más que un proceso de construcción de un poder estatal para proteger sus riquezas. Como no podía ser de otro modo, las burocracias civil y militar juegan a favor de los poderosos, a impedir cambios, a perpetuar los privilegios. Por eso las fuerzas armadas no obedecen a Evo cuando les ordena establecer el estado de sitio en Santa Cruz. Es necesario destacar la cautela del gobierno a la hora de lanzar a las tropas contra los autonomistas. Las fuerzas armadas no pueden ni deben ser las que diriman las luchas de clases. Flaco favor le haría un gobierno que se reclama popular si se prestara a hacerlo.

Ese lugar no pueden sino ocuparlo pueblos organizados en movimientos. El dato nuevo y esperanzador es el nuevo activismo de base, como analizó Raquel Gutiérrez Aguilar. El cerco a Potosí, en agosto, y el reciente cerco a Santa Cruz por 20 mil indígenas marcan un punto de inflexión más trascendente que las decisiones del gobierno de La Paz para contrarrestar la rebelión autonomista. Son esas bases, las mismas que protagonizaron la guerra del agua en 2000, las guerras del gas en 2003 y 2005, las únicas que pueden modificar la relación de fuerzas y poner en retirada a las elites cruceñas. En ellas anida una capacidad y determinación destinadas a desbordar, si fuera necesario, al gobierno que sienten como propio. Esos sectores han comprendido que el Estado puede hacer ciertas cosas, decretos y leyes a favor de los pueblos, pero entendieron en dos años y medio que los cambios que apuntan hacia un mundo nuevo sólo pueden venir de abajo.

Parece necesario destacar que no estamos ante un debate ideológico. Es la experiencia la que empuja a los pueblos que viven en Bolivia a tomar en sus manos su propio destino, en vez de dejarlo en los administradores del Estado, que por mejores intenciones que tengan están utilizando una herramienta creada para conservar el estado de cosas, no para demolerlo. Con los movimientos en la calle, corresponderá al gobierno decidir si los apoya de modo incondicional o si, como en estos dos años y medio, los pretende utilizar para obtener concesiones de las elites. De eso se trata la crisis de septiembre: los pueblos nos dicen que su movilización es el factor a tener en cuenta de ahora en más. Y no sólo por parte de las elites reaccionarias; también por el gobierno que, en adelante, tendrá que vérselas con el Ya basta! lanzado, en los hechos, por los indígenas.

Quienes desconfiamos de los estados como instrumentos para construir un mundo nuevo, podemos aprender de estas crisis en curso. Sería repetir viejos errores centrarnos en un debate teórico alejado de lo que realmente está sucediendo ante nuestros ojos. La experiencia nos está diciendo que los movimientos pueden tomar dos caminos para cambiar el mundo: convertirse en burocracias estatales o seguir siendo movimientos. El primero es el trillado camino de más de un siglo; el otro no ofrece garantías, pero se puede asegurar, por lo menos, que es el camino más seguro para que el futuro no se nos escape de las manos.

* Publicado originalmente en la La Jornada.

Una respuesta to “El Estado en el centro de la tormenta”

  1. El pueblo said

    Haga llegar a los políticos de Puerto Rico

    Dado que en esta campaña política no existe una oferta honesta y de futuro para nuestras familias, y lo que ofrecen no representa absolutamente nada para este pueblo, nosotros, el pueblo de Puerto Rico, nos vemos en la obligación de presentarles estos reclamos de justicia social.

    RECLAMOS DEL PUEBLO

    Reclamamos el derecho soberano de los puertorriqueños para comprar vienes de consumo en cualquier país del mundo. Este poder soberano es necesario para liberarnos del bloqueo comercial al que los Estado Unidos de América nos ha sometido por los pasados 110 años. Este reclamo se hace en virtud del derecho universal que tienen nuestros ciudadanos, empresarios corporativos, sociedades y negocios individuales, a comprar, al mejor costo posible: materias primas, productos terminados, equipos, artículos, alimentos y combustibles, en cualquier país del mundo y a utilizar cualquier medio de transporte marítimo o aéreo disponible.
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    Reclamamos la eliminación de las leyes de cabotaje americanas que imponen al puertorriqueño el costo de transporte marítimo más alto del mundo, por ser la marina mercante americana la más cara del mundo.
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    Reclamamos nuestro derecho a economizarnos en nuestros bolsillos la ganancia excesiva que tienen las compañías americanas, tanto en los precios de todos los bienes de consumo que nos venden, como en el costo de transporte marítimo que nos imponen.
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    Reclamamos nuestro derecho a integrarnos directamente en los tratados de libre comercio con los países de Sur o Centro América según más le convenga al pueblo de Puerto Rico.

    Reclamamos un comportamiento legislativo decente, que contemple la moral y la ética
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    Reclamamos que trabajen para el pueblo que los elige y no para los grandes intereses
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    Reclamamos enérgicamente que no se sigan implantando las políticas neoliberales capitalistas que quebraron o llevaron a la miseria a pueblos como Argentina, Bolivia, El Salvador, Ecuador, Guatemala, Nicaragua y muchos otros, pero principalmente, la reciente quiebra de la nación norteamericana.
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    Reclamamos una sola cámara según fue estipulado en el referéndum de consulta al pueblo
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    Reclamamos que las campañas políticas a nivel de partido o de candidatos se realicen en medios de comunicación pertenecientes al gobierno de Puerto Rico (del pueblo) y no en medios privados.
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    Reclamamos que se promulguen leyes que prohíban a los grandes intereses corporativos o privados, dar donativos para campañas políticas a partidos o candidatos.
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    Reclamamos nuestro derecho a reglamentar y controlar las corporaciones foráneas establecidas en nuestro suelo evitando así que tengan la oportunidad de robarle al pueblo y quedar impunes ante sus delitos.
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    El salario mínimo por hora estuvo congelado por diez años. Todos los días perdía y pierde poder adquisitivo. Mientras tanto, los adinerados aprovecharon esa década para aumentar su riqueza a costa de dicha infamia. Hoy, sumidos en la pobreza, este pueblo reclama enérgicamente y de inmediato que el mínimo por hora de trabajo en Puerto Rico sea igual al mínimo federal vigente multiplicado por 1.25. O sea, un 25% mayor que el federal, y que el salario mínimo en Puerto Rico se revise cada dos años. De no aumentar el mínimo federal, la ley de Puerto Rico impondrá un aumento obligatorio y justo.
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    La garantía de la jornada normal de trabajo de 40 horas fue eliminada de la mayoría de los tipos de industria en Puerto Rico. Los padres de familia fueron sustituidos de sus trabajos de 40 horas por niños de universidad trabajando a tiempo parcial. Los padres de familia están trabajando 50 y 60 horas a la semana abandonando la familia. Reclamamos la restitución de la ley que garantiza la jornada normal de trabajo de 40 horas y los beneficios correspondientes al trabajador.
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    Reclamamos que la vieja ley de tiempo parcial sea restituida y la nueva ley de tiempo flexible (flexi time) sea derogada en los primeros 50 días del nuevo gobierno.
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    La ley es clara en lo que se refiere al pago de plan medico por parte del patrono. El patrono debe aportar el 50% del costo del plan medico. Reclamamos que el gobierno cumpla con la ley y la haga cumplir al patrono.
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    La ley de compensación por desempleo tiene más de 30 años. Ningún gobierno ha echo nada para atemperarla a estos tiempos y por eso los beneficios de desempleo en Puerto Rico son los mas bajos de toda la nación americana. Reclamamos se aumenten las aportaciones de las empresas a este fondo para que los beneficios de los desempleados aumenten a cantidades razonables y a tono con el costo de vida actual.
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    Hacemos el mismo reclamo para las leyes de seguro por incapacidad y choferil.
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    En la mayoría de las industrias, las vacaciones regulares y la licencia por enfermedad, fueron reducidas de 15 y 17 días por año a solo 12 días por año. Reclamamos la restitución de la vieja ley para que nuestros trabajadores puedan tener tiempo suficiente para su descanso y disfrute de su familia.
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    El sistema de salud pública de Puerto Rico desapareció al ser entregarlo a las manos de los grandes intereses privados. Reclamamos que se reconstruya el sistema de salud pública y que funcione como un seguro de salud universal, sin intermediarios haciendo fortuna a costa de la enfermedad de nuestro pueblo.
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    Los bancos deben ser aún más reglamentados. Están utilizando la tecnología que los ayudo a abaratar sus costos, para realizar los siguientes entrampamientos al consumidor: ofrecen líneas de crédito hasta un limite X pero, permiten el sobre giro de la línea para cobrar 30 dólares de recargo por excederse al limite de crédito establecido. Los programas de computadora pueden evitar este sobre giro según lo hacían antes. Están cobrando 3 dólares de recargo diario por balances en sobre giros en cuentas corrientes que no llegan a ni a un dólar. Los tipos de interés son usureros. Sin importar el balance de una tarjeta de crédito, y los pagos anteriores sobre el mínimo a pagar, el recargo por olvidar un pago mensual es de no menos de 27 dólares en el mes. Reclamamos que el gobierno regule a los bancos y compañías de tarjetas de crédito, que quieran operar en Puerto Rico, en todos estos y otras posibles técnicas de robo legalizado al pueblo.
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    Reclamamos que la Autoridad de Energía Eléctrica siga siendo patrimonio del pueblo de Puerto Rico
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    Reclamamos que la Autoridad de Acueductos y Alcantarillados siga siendo patrimonio del pueblo de Puerto Rico
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    Reclamamos enérgicamente que nunca, pero nunca, el sistema de educación publica se privatice
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    Reclamamos que la carga contributiva se distribuya justamente entre pobres y ricos. El actual sistema ha promulgado leyes incentivado y concedido exención contributiva casi completa a la clase adinerada de este país mientras ponen la carga contributiva exclusivamente sobre los hombros de la clase media puertorriqueña.

    Siéntase en la libertad de añadir otros reclamos a esta lista siempre y cuando usted este consiente de la necesidad de este pueblo y comprenda muy bien el reclamo justo de los mismos.

    Siéntase en libertad de enviarla por e-mail a sus amistades y en lo posible a los políticos en la legislatura y a los medios de comunicación de Puerto Rico.

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