Socialismo Internacional

Periódico de la Organización Socialista Internacional

¿Un proceso huelgario en el que nadie tiene nada que ganar?

Posted by Socialismo Internacional en septiembre 28, 2008

La Federación y la Utier se enfrentan a situaciones similares a las que presenta este artículo. Ambos enfrentaban la ofensiva del gobierno patrono, del mismo modo que hoy enfrentan el ataque de los bonistas. El argumento central, la necesaria solidaridad de clases y el poder de la huelga, siguen tan vigentes hoy como entonces.

Sindical

Roberto Barreto / Socialismo Internacional

La firma del convenio colectivo entre la Autoridad de Energía Eléctrica (AEE) y la Unión de Trabajadores de la Industria Eléctrica y Riego (UTIER) no debe ser motivo de regocijo o felicitaciones acriticas.Mas bien se trata de un balance mixto que encierra serias contradicciones.Además, la suerte de la UTIER no debe de ningún modo evaluarse al margen de la suerte de los trabajadores del agua y de los maestros.

El nuevo convenio colectivo tuvo algunos logros positivos significativos.Todos los trabajadores cesanteados durante el conflicto serán restituidos a sus puestos de trabajo, algo que por ejemplo la Federación de Maestros (FMPR) no logró hacer con los maestros suspendidos de Utuado.Los aumentos salariales serán retroactivos a 15 meses y las cuotas del sindicato serán restituidas para ese periodo.No habrá subcontratación en las plantas generatrices aunque lamentablemente la UTIER aceptó la subcontratación en los talleres automotrices.Las brigadas de celadores contarán con desfibriladores para salvar vidas en caso de emergencias.También la UTIER acordó un plan de reclasificación y valoración de puestos con el patrono.

Más problemática resulta la oferta económica de aumentos de 4% por tres años y $125.00 el cuarto año.Ricardo Santos, presidente de la UTIER, reconoció en carta al gobernador Aníbal Acevedo Vilá que “con esta propuesta no alcanzamos nuestras expectativas de justicia social y es menor a los aumentos otorgados a los demás empleados de la AEE.”Según Santos es adecuado aceptar un oferta económica inferior debido “…a la situación que vive nuestro país…”En utier.org Santos abunda:”Como hemos sostenido públicamente,a lo largo del tramo de la negociación económica, siempre tuvimos la perspectiva de la realidad que vive el país y la situación que enfrenta la Autoridad. De ahí la aceptación pública de la propuesta que, en su función de mediador, nos presentara el Secretario del Trabajo, Román Velasco.”

Aceptar salarios más bajos debido a la crisis fiscal, es aceptar que la crisis la paguen los trabajadores.Una crisis que ha sido causada por la corrupción, el despilfarro, las prioridades torcidas y la otorgación de contratos a cambio de donativos electorales no debe ser legitimada por los sindicatos.Una consigna popular como “Que la crisis la paguen los ricos” debe entenderse como una lección histórica que nos sirva de guía tanto en la calle como en la mesa de negociaciones.

El problema de la privatización tampoco ha sido manejado adecuadamente.La oposición a la privatización debió haber sido un elemento central en la negociación colectiva. El convenio colectivo debió haber estipulado la no privatización.El gobierno prolongó la negociación con la UTIER hasta después de aprobada la privatización de la producción de electricidad con la Ley de Incentivos Industriales.La resistencia de la UTIER fue principalmente mediática y dejó mucho que desear.En lugar de sacar su numerosa matrícula a la calle, las protestas contra la medida privatizadora fueron minúsculas.En vez de permitir la aprobación de la ley, debieron haber utilizado su voto de huelga para impedirlo.

Pero ya la UTIER había dado muestras de que no se iría a la huelga y el gobierno lo sabía.La contienda decisiva fue la huelga de los maestros en febrero de 2008, cuando los trabajadores eléctricos dejaron pasar la gran oportunidad de unir esfuerzos con la FMPR y darle un golpe contundente al gobierno patrono.A pesar de su apoyo verbal a los maestros, la UTIER no llevó la solidaridad a la práctica. Un proceso conjunto hubiese fortalecido tanto su causa como la de los educadores.

La clase obrera es solo una y el gobierno en su ofensiva no ve un sindicato a la vez, sino calcula que su relación con un sindicato puede afectar su relación con otros grupos de trabajadores. Al concentrarse en su propia negociación, la UTIER permitió que el gobierno se enfrentara a la FMPR sola. A consecuencia, los trabajadores de ambos sindicatos resultaron debilitados.

Hoy el gobierno se siente envalentonado en su ofensiva patronal.En la AEE aprobaron la producción privada de energía eléctrica y el trasbordo de ésta por la red pública.En la AAA lograron que un tribunal declarara nula la negociación colectiva con la UIA luego de que la Junta de Relaciones Laborales la validara.A los maestros les recortan sus cheques de salario y los hostigan en la esperanza de derrotar la FMPR en elecciones sindicales y reemplazarla con la Asociación de Maestros, su sindicato marioneta.

En estas circunstancias, chocan las manifestaciones de Ricardo Santos al referirse a la huelga como un proceso “en el que nadie tiene nada que ganar” a la vez que el ingeniero Jorge Rodríguez jubiloso asegura que “ganamos todos.”Si bien es cierto que en ocasiones la AEE trató de provocar la huelga, no es menos cierto que la huelga si se prepara bien y se utiliza en el momento adecuado resulta una poderosa arma al servicio de los trabajadores.La huelga -como derecho y como recurso- lejos de ser menospreciada, debe ser defendida y fortalecida para avanzar la conciencia y la confianza de lucha de los trabajadores.

Detener las privatizaciones requerirá niveles de lucha que trasciendan el marco legal de las relaciones obrero patronales.El reto para los trabajadores será desarrollar las formas de lucha que les permitan masificar los procesos y unir fuerzas con los más diversos sectores obreros. Tendrán que constituirse en una fuerza de resistencia efectiva para detener o revertir la implementación de las políticas privatizadoras.Estamos seguros que para lograrlo necesitarán contar con la huelga y la solidaridad, tácticas esenciales para desencadenar la fuerza colectiva de los trabajadores.

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