Socialismo Internacional

Periódico de la Organización Socialista Internacional

Grecia es sinónimo de resistencia

Posted by Socialismo Internacional en julio 16, 2010

HUELGA GENERAL PERMANENTE

La lucha contra el neoliberalismo en Grecia ha desembocado durante los últimos meses en una resistencia activa que se ha traducido constantes huelgas generales. No obstante, la lucha no ha acabado. El plan económico de austeridad, las privatizaciones, los despidos, los recortes en el gasto público, la reducción de salarios y bonificaciones del sector público, y la eliminación de derechos laborales y civiles, continúan al mando del Fondo Monetario Internacional (FMI), la Unión Europea (UE) y el Banco Central de Europeo (BCE).

Costa Pittas, del Partido Socialista de los Trabajadores (SEK) de Grecia, explica cómo han afectado los ajustes neoliberales a la clase trabajadora, y cómo ésta ha tomado una ofensiva en la calle durante los últimos meses. Reseña cómo fue evolucionando el movimiento multisectorial contra el neoliberalismo.

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Unos cuatro millones de trabajadores (un 93% de la fuerza de trabajo) participaron en la quinta huelga general en Grecia este año 2010 el pasado día 5 de mayo. Más de medio millón de personas salieron a la calle en Atenas, cerca de cien mil en Salónica y decenas de miles en las principales ciudades y pueblos del país entero. Toda Grecia llegó a un punto muerto. Estas fueron las manifestaciones más grandes desde el año 1974, cuando cayó la dictadura. La huelga general siguió a una huelga de tres días de los trabajadores del gobierno local y una huelga de dos días de los profesores.

Todos los sindicatos fuertes estaban con sus banderas. Los carteros, los trabajadores del sector eléctrico, los de las telecomunicaciones, los trabajadores bancarios, los de autobús, metro y ferrocarril; los astilleros, los de la gran fábrica de equipamiento electrónico INTRACOM, los trabajadores sanitarios y médicos de los hospitales; los trabajadores de las autoridades locales; maestros; funcionarios públicos; e, incluso, los trabajadores de puestos de trabajo con poca o nula sindicalización, como cafeterías y pizzerías. Juntos habían miles de estudiantes universitarios y de secundaria que gritaban “Estudiantes y trabajadores, una voz, un puño”. No sólo fue impresionante el tamaño de las manifestaciones. Lo fue también el alto nivel de la militancia. Miles de trabajadores abuchearon al presidente de la central sindical griega (GSEE) por ser demasiado “blando” cuando trató de hablar. Los huelguistas resistieron a los provocativos ataques de la policía, que trató de dividir la manifestación. Algunos cientos de ellos –principalmente trabajadores del sector eléctrico y del transporte– intentaron invadir el edificio del parlamento mientras los diputados estaban discutiendo el programa de austeridad propuesto por el gobierno, la UE y el FMI, y se enfrentaron con la policía. El eslogan más popular fue el de “¡Desafío! Huelga general permanente”.

Al día siguiente, 6 de mayo, decenas de miles de personas rodearon el parlamento, mientras que los diputados votaron el ‘plan de estabilidad’ (donde Papandreu tuvo que expulsar a tres de sus ministros porque se negaban a votar las medidas). Esto ocurrió a pesar de los esfuerzos de los diferentes gobiernos por aplacar al movimiento después de la muerte de tres trabajadores de la banca Marfin durante la manifestación del día anterior. Un incendio estalló en el banco cuando la policía atacó a los manifestantes. Había mucha propaganda para crear un clima de luto y desalentar la gente de ir a la huelga, pero no funcionó.

El 7 de mayo, el artículo de primera plana del Financial Times decía: “Las imágenes de miles de manifestantes que llenaron las calles de Atenas, mientras que en el parlamento estaban discutiendo el proyecto de ley, provocó la caída de los mercados bursátiles. ‘Es chocante’, comentó un funcionario de alto rango del banco suizo UBS, ‘cayeron en pocos segundos, estas son cosas que no pasan cada día’.

Después, el 20 de mayo, siguió una nueva huelga general, esta vez contra el nuevo proyecto de ley que intenta recortar las pensiones y aumentar la edad de jubilación. La huelga fue igual de exitosa, aunque las manifestaciones fueron menores, pero aún lo suficientemente grandes para que los comentaristas de televisión admitieran que “ni el cansancio después de tantas huelgas, ni la desgraciada muerte de tres personas durante la manifestación anterior, han impedido a cientos de miles de personas llenaron las calles una vez más, mostrando a los ministros del gobierno del PASOK [el Partido Socialista Griego] que se equivocaron al creer que el juego había acabado con la resistencia contra las nuevas medidas”.

Las medidas de austeridad

La delegación del FMI, la Unión Europea (UE) y del Banco Central Europeo (BCE) llegó a Atenas el 21 de abril, aniversario del golpe de Estado de los coroneles en 1967. Entonces tuvimos que sufrir por los militares. Ahora tenemos que sufrir por los banqueros. El servicio de bomberos, hospitales, autoridades locales y los maestros estaban en huelga ese día –esa fue la respuesta de los trabajadores al FMI, aunque las huelgas fueron convocadas antes.

Ya hemos tenido una ola de recortes en los salarios y bonificaciones del sector público. El nuevo programa de estabilización decidido conjuntamente por la UE, el FMI y el gobierno del PASOK han hecho la situación mucho más dura. Los ataques a la clase trabajadora se pueden desglosar en cinco componentes:

En primer lugar están los salarios en el sector público. Hubo una reducción del 20% en todo tipo de bonificaciones en el sector público (funcionarios, maestros, trabajadores del gobierno local, los trabajadores de salud NHS, etc.). Esto fue a principios de año y provocó las primeras huelgas en febrero y marzo. Luego vinieron las nuevos recortes. Grecia tiene una tradición que los trabajadores reciben un bono de dos semanas de salario por Semana Santa, un pago correspondiente a un mes para Navidad, más una bonificación de vacaciones en verano. Ahora, los tres desaparecen casi por completo en el sector público. Esto significa más de dos salarios menos en un año. En realidad, la reducción de los salarios reales es mucho mayor, si se considera que ya hay una congelación del salario de los últimos dos años y de acuerdo con el plan de la UE y el FMI habrá una congelación salarial para los próximos tres años. La reducción de los salarios en el sector privado es un poco más pequeña, pero sigue siendo bastante elevada, especialmente en los bancos y las privatizadas empresas de economía mixta como la electricidad, agua, telecomunicaciones, correos, etc. El FMI insistió en una reducción en el salario mínimo, que en la actualidad se sitúa en 750 €, pero al final lo dejó correr –al menos de momento.

En segundo lugar, están los cambios en lo que llaman “flexibilidad del mercado laboral”. De acuerdo con la anterior ley, los jefes no podían echar a más de un 2 por ciento de su fuerza laboral en las empresas con más de 20 trabajadores. Esto se aumentó a un 4 por ciento. Al mismo tiempo hay un recorte grande en la indemnización en caso de que alguien sea despedido. Cerca de 220.000 personas perdieron sus puestos de trabajo el año pasado, de una población activa total de 4,2 millones, con un paro oficial justo por encima del 10 por ciento. Los funcionarios del FMI manifestaron su extremo cinismo cuando dijeron: “Aceptamos no insistir en que hubiera una disminución oficial del salario mínimo, porque estamos seguros de que con estos cambios en el mercado de trabajo los recortes salariales en el sector privado se llevarán a cabo de todos modos”. El FMI ha dicho que los salarios deben ser devaluados entre un 15 y un 20 por ciento.

En tercer lugar, están las pensiones. El ‘programa de estabilidad’ hace trabajar a la gente hasta los 67 años, cuando hasta hace poco se podían jubilar a los 60. También cambia la manera de calcular las pensiones. Hasta hace poco podían recibir el 80 por ciento de su salario. Antes de las nuevas medidas era el 70 por ciento, y el nuevo recorte lo reduce adicionalmente de un 10 a un 15 por ciento. El gobierno ha pospuesto la discusión parlamentaria sobre las pensiones hasta mediados de junio. Esto se debe a dos motivos. Por un lado, están tratando de evitar responder a los sindicatos después del gran éxito de las últimas huelgas generales. Por ejemplo, prometieron a los trabajadores del sector energético que quedarían excluidos de las nuevas medidas. Desafortunadamente, la dirección sindical anuló finalmente la convocatoria de huelga para el 25 de junio, alegando que esperarían a ver si el gobierno mantenía su promesa. Por otra parte, el gobierno quiere ver qué pasa con la crisis mundial y empujará hacia un presupuesto más ajustado en relación al sistema de pensiones.

En cuarto lugar, tenemos las privatizaciones, comenzando con la privatización de las empresas de agua y ferrocarriles. Quieren ganar entre 5 y 6 mil millones de euros por la venta de empresas estatales.

Y el quinto trata de recortes y fusiones entre las autoridades locales. Estas son presentadas como una reforma democrática, pero el gobierno espera ahorrar mucho dinero mediante la supresión de los servicios de las autoridades locales y al mismo tiempo deshacerse de entre 30 y 40 mil trabajadores con contrato. Está estimado que unas 6.000 empresas municipales desaparecerán, incluida la ayuda a los pensionistas de vejez y de cuidado de niños.

Nadie en Grecia se cree las proclamas de los ministros del PASOK de que estas medidas son de carácter temporal o que harán salir a la economía de la crisis –en realidad, actualmente incluso el primer ministro evita responder a esta pregunta y prefiere referirse a las medidas como “necesarias de todos modos para el futuro de nuestra economía, que tiene problemas estructurales”.

Lo primero que hay que entender es que la crisis es intratable. Hace casi ocho meses desde que la crisis en Dubai disparó el pánico sobre la deuda griega. En todo este tiempo, el gobierno griego, la UE, el BCE y el FMI han estado diciendo que tienen la crisis bajo control. Primero dijeron que un presupuesto ajustado calmaría a los mercados. Después dijeron que acordar un plan de estabilización con la UE calmaría a los mercados.

Cada vez que anuncian un plan, los mercados le dan la bienvenida, el mercado de valores crece durante un par de días y luego la crisis vuelve. Es una crisis larga, prolongada y los ataques neoliberales de estas instituciones no han podido resolver el problema.

Ahora nos encontramos en un punto donde se supone que Grecia será rescatada por la ‘ayuda’ común (es decir, los nuevos y caros préstamos) del FMI, la UE y el BCE. Con estos fondos el gobierno logró refinanciar una gran deuda el 19 de mayo. Esto formaliza el hecho de que el FMI-UE-BCE tienen el control del gobierno griego. Esto significará un empeoramiento de la situación económica, porque los nuevos recortes conducirán aún más a la recesión económica.

Se suponía que Grecia tenía una recesión muy leve, pero todos los meses las estadísticas se han ido revisando. Con las medidas aplicadas, los economistas dicen que Grecia puede perder entre 10 y 15 por ciento del PIB en los próximos dos años. Políticamente, el gobierno ha perdido credibilidad al insistir en que los mercados se calman si las personas hacen sacrificios. El gobierno del PASOK fue electo bajo la promesa de que no impondría ninguna congelación salarial en el sector público (frente a la proclama del ala derechista de Nueva Democracia de que una congelación temporal es necesaria). Durante seis meses, el gobierno ha estado diciendo que tiene que imponer la siguiente serie de medidas para que los mercados se calmen. Ahora se sabe que eso no es cierto, así que el gobierno se está debilitando.

La resistencia

El nuevo gobierno del PASOK se formó a finales de 2009, y los sindicatos griegos decían que no convocarían una huelga contra un gobierno recién escogido. La GSEE está controlada por el PASOK, por supuesto, pero lo que la GSEE dijo es: “Tenemos que dar tiempo al nuevo gobierno, así que nada de huelgas”.

Las primeras señales de que las cosas no serían tan fáciles para el nuevo gobierno empezaron al día siguiente de las elecciones. Los estibadores de Pireo estaban en huelga antes de las elecciones en contra de la venta del puerto a COSCO, una empresa china. Hicieron huelga el día de las elecciones y continuaron durante una semana. El 17 de noviembre, la manifestación tradicional por el aniversario de la ‘revuelta politécnica’ contra la dictadura en 1973 fue enorme y estaba dominada por las consignas militantes del ala izquierdista. El 6 y 7 de diciembre, decenas de miles de personas salieron a la calle en Atenas y en todas las grandes ciudades con motivo del primer aniversario del asesinato del joven estudiante de secundaria Alexis Grigoropoulos, de 15 años, y también por la revuelta que le siguió y que conmocionó Grecia en diciembre de 2008.
Entonces los dirigentes sindicales sufrieron una revuelta en diciembre, cuando el gobierno presentó sus primeros recortes presupuestarios. Hubo una huelga el 17 de diciembre que casi se convirtió en una huelga general, aunque la GSEE no la convocó. Este fue el primer indicio de una revuelta desde abajo.

Fueron los sindicatos de profesores los que tuvieron la iniciativa de convocar una huelga. Esto ejerció una presión sobre el ala izquierda de los sindicatos y el Partido Comunista, que emitió una convocatoria de huelga y contribuyó a calentar el ambiente. Después, los periodistas y los sindicatos de imprenta decidieron unirse a la huelga, y fue todo un éxito porque no hubo noticias de prensa o televisión el 17 de diciembre.

El 10 de febrero fue el turno de los funcionarios públicos. La federación de sindicatos de trabajadores públicos, que está controlada por el PASOK, convocó a una huelga de 24 horas. Este fue el primer giro significativo de los sindicalistas partidarios del gobierno. La huelga tuvo tanto éxito que los sindicatos se vieron obligados a convocar una huelga general el 24 de febrero.

El gobierno y la UE habían acordado ya el primer ‘plan de estabilización’, que incluía la primera ronda de ataques. Trataba de decir: “ignoremos su huelga”, y a principios de marzo anunció la reducción de las bonificaciones de Pascua, lo que produjo una huelga general el 11 de marzo (Ver visuales).
Esta huelga fue enorme. La GSEE, que desde un inicio se opuso a las huelgas, informó que hubo un 90 por ciento de participación –lo que significa que 3,8 millones de trabajadores se encontraban en huelga–. Las manifestaciones de ese día son las más grandes que alguien pueda recordar (antes del ‘terremoto’ del 5 de mayo), y eso que hemos tenido muchas huelgas generales.

Sectores individuales han seguido adelante con su lucha. Por ejemplo, el 15 de abril no hubo transporte público en Atenas. Trabajadores de los autobuses, trabajadores de trolebuses y tranvías… todos ellos dejaron de trabajar para asistir a las asambleas contra los planes del gobierno. Todos ellos decidieron hacer huelga. La mayoría de los oradores exigieron una huelga de más de 24 horas. Los líderes prometieron una campaña coordinada de huelgas de 24 horas a todo el sector público. La gente en las asambleas estaba muy enfadada, y muchos rompieron la tarjeta de miembro del PASOK. Este fue un elemento clave para empujar a los dirigentes sindicales para llamar a la acción.

Los funcionarios públicos se declararon en huelga el 22 de abril. La Unión de Ingenieros de la Función Pública convocó una huelga de dos días el mismo día. Es interesante ver cómo se produjo esta huelga. A principios de enero, ingenieros funcionarios de la izquierda anticapitalista impulsaron la idea de crear un comité de huelga y tras ganar la votación en una asamblea general de la Unión. Hasta ese momento, la acción oficial consistía en tres horas de huelga una vez por semana. Entonces, el comité de huelga decidió proponer una escalada de la huelga para una nueva asamblea general, la que se aprobó por abrumadora mayoría. El mismo tipo de acción se desarrolló, con la iniciativa de la izquierda anticapitalista, en algunos sindicatos de instituciones locales en torno a Atenas y entre los profesores. Todos estos, junto con enormes manifestaciones para el 1 de mayo, pusieron una gran presión a la Federación de funcionarios públicos (ADEDY) para convocar una nueva huelga junto con el GSEE el 5 de mayo.

La gente está muy enfadada con el fracaso del primer plan de estabilización y la participación del FMI. Había muchas ilusiones depositadas en la UE, pero la gente odia al FMI. Ahora están descubriendo que la UE es muy similar al FMI y ambos están atacando a los niveles de vida en Grecia.
Las huelgas generales de mayo reforzaron la tendencia de la gente a tomar medidas de forma independiente. Ha habido muchos días de acción desde diciembre y más y más secciones de los trabajadores están exigiendo un salto cualitativo. Un grupo de maestros temporales ocupó en mayo un canal de televisión nacional y manifestó su oposición a las reformas de educación del gobierno.

La misma presión está surgiendo entre los trabajadores del agua para luchar contra las privatizaciones, así como entre los trabajadores de las telecomunicaciones y la energía para resistir los ataques a sus fondos de pensiones. El gobierno está viéndose obligado a rectificar. Por ejemplo, los trabajadores de la energía previeron dos huelgas de 48 horas antes de la Pascua, exigiendo 2.000 empleados adicionales a raíz de una serie de muertes accidentales. Detuvieron los ataques debido a que el gobierno se comprometió a cumplir con sus demandas mediante la creación de 2.000 puestos de trabajo temporales. Ahora, el Sindicato de Trabajadores de la Energía ha pedido la repetición de huelgas de 48 horas a partir del 25 de mayo.

Es difícil de predecir –no será una estampida–, pero es probable que se produzcan más movimientos en esta dirección después de las huelgas generales en mayo.

No es sólo en Grecia

La crisis de la deuda no es particular de Grecia. Se ajusta a la crisis a nivel mundial.

Este problema de la gestión de la deuda no es un problema griego, es del mundo. Los capitalistas han estado utilizando en todas partes los mismos métodos y estos fueron expuestos por la crisis. No hay nada particularmente escandaloso en Grecia. No es un caso aislado.

Los importes de dinero que varios estados han de hacer a los mercados financieros son enormes. No nos encontramos en una situación en la que por ejemplo, Argentina o Turquía podrían tener algunos problemas, el FMI interviniera y el resto del mundo no lo entendiera. Ahora es diferente. La crisis griega está conectada a la crisis más amplia y la cuestión de los tipos de interés al que los estados podrán refinanciar deudas es crucial. El ejemplo griego está haciendo subir las tasas y esto afecta a otros países.

El fracaso griego intensificará la crisis en Europa. El euro estará bajo presión y eso empeorará los problemas en Portugal, Irlanda y España –los países que, junto con Grecia, forman el llamado ‘PIGS’.

La crisis griega ha llegado a un punto donde el gobierno tiene que pagar un 7,5 – 8 por ciento de interés sobre su deuda. Portugal ha estado pagando un 4’5 – 5 por ciento, pero está subiendo en el marco de estas presiones. Así que habrá una profundización de la crisis fiscal de los países PIGS. La intervención del FMI y la UE no calmará la crisis, sino que la empeorará. Grecia es un ejemplo de su fracaso, de modo que no sería diferente en los otros países. Los mercados lo saben y se moverán rápidamente.

El segundo aspecto es en términos de resistencia. Hasta ahora Grecia ha ido a contracorriente. Podríamos encontrarnos ahora en un punto de inflexión. Grecia no es la excepción. Si nos fijamos en los últimos años, los otros países con un nivel similar de resistencia de los trabajadores fueron Francia e Italia. Entonces el ejemplo griego puede actuar como una inspiración para los trabajadores de otros lugares.

Pero podemos decir que hay dos factores que explican el nivel actual de la resistencia en Grecia. La primera es la experiencia de los anteriores casi diez años. No hay suficiente espacio aquí para referirse en detalle a todas las luchas desde el año 2000, pero lo cierto es que el movimiento de huelga actual no ha caído del cielo. Desde la campaña en Génova hasta el movimiento de huelga que destruyó el primer intento del PASOK de reducir las pensiones en 2001, las grandes manifestaciones contra la guerra en 2003, los diez meses de victoriosas ocupaciones universitarias en 2007, el movimiento de huelga contra el segundo ataque a las pensiones por parte del gobierno de derechas en el invierno de 2008, la revuelta de la juventud en diciembre del 2008, la lucha contra las manifestaciones racistas en el 2009… Todos estos han tenido un papel crucial para aumentar la confianza en uno mismo, la militancia y la radicalización política de la clase trabajadora. En todas estas luchas, la izquierda anticapitalista ha estado presente.

Y eso puede ser el segundo factor: tenemos una izquierda anticapitalista fuerte. Puede que no sea fuerte en las elecciones, pero en Grecia hay un mayor porcentaje que en otros países de votos a la izquierda en general. La izquierda está dividida, pero si sumamos los votos del Partido Comunsita (KKE), SYRIZA y el anticapitalista ANTARSYA, juntos representan el 13-14 por ciento. La izquierda también sufre la actitud sectaria del KKE y la actitud conciliadora de SYRIZA, mientras que los dos no hacen nada en la práctica para construir la resistencia en los puestos de trabajo y se oponen a todas las huelgas. Pero dentro de esta izquierda, incluyendo a las bases de los partidos reformistas, así como del PASOK, encontramos fuertes secciones militantes y anticapitalistas, y esto es un factor importante.

Los anticapitalistas están organizando en muchos lugares de trabajo la resistencia y la lucha contra los ataques racistas. Había un espectacular contingente de trabajadores inmigrantes en la huelga general del 24 de febrero, y ahora han creado un sindicato de trabajadores inmigrantes. También demostraron su fuerza el primero de mayo. Esto se debe a la labor de los anticapitalistas –no fue sólo espontáneo.

Hay mucha rabia acumulada, porque la gente está siendo atacada, y los activistas anticapitalistas se encuentran ante grandes retos. Este es otro factor importante. Tenemos una sección fuerte de la izquierda anticapitalista que está empujando hacia delante la resistencia, impulsando la lucha de toda la izquierda, y asegurándose así que no hay una reacción violenta de la derecha. Estos son elementos que esperamos ver en otros países. Obviamente, Grecia no puede ser un ejemplo para siempre. La resistencia o bien se generalizará o se hundirá. Esperamos que se generalice.

Nosotros, en el Partido Socialista de los Trabajadores (SEK), hemos jugado un papel fundamental en la construcción de una izquierda anticapitalista, a partir de las luchas de los jóvenes. Empezamos tratando de unir a la izquierda anticapitalista en las grandes ocupaciones de estudiantes en los años 2006 y 2007. Esto tardó dos o tres años porque no había divisiones, pero hemos tenido éxito en proveer un foco de resistencia. En la actualidad, hay un frente de la izquierda radical llamado ‘rebelión’ (ANTARSYA).

La unión de buena parte de los activistas de la izquierda anticapitalista es un área en la que el SEK ha ayudado al movimiento. También hemos sido fundamentales en la tarea contra el racismo. Después de una revuelta contra la policía en diciembre del 2008, el gobierno de derechas de entonces se unió a la extrema derecha en una despiadada campaña de criminalización de los inmigrantes. Hace un año tuvimos que organizar manifestaciones para detener a los fascistas que se manifestaban en el centro de Atenas. Nos opusimos a los planes de la derecha de crear campos de concentración para inmigrantes. El partido conservador Nueva Democracia se encuentra en crisis. Sus líderes se pelean entre sí. La extrema derecha es visible a través de su participación en los ataques racistas y ha habido muchos intentos de utilizar a los inmigrantes como chivo expiatorio. Pero ha habido numerosas contramanifestaciones exitosas en diferentes lugares, no sólo en Atenas.

El PASOK se benefició en las elecciones del giro a la izquierda, pero ahora nos encontramos en una fase en la que este movimiento debe superar al PASOK por la izquierda. En eso estamos trabajando. A través de la organización de las huelgas y la lucha contra el racismo, tratamos de plantear una tercera dimensión de las reivindicaciones –no sólo tenemos que oponernos a los recortes, sino que nos tenemos que mover en una dirección anticapitalista; por ejemplo, debemos exigir la anulación de la deuda, la nacionalización de los bancos, más impuestos a los ricos, etc.

Esto es algo que hemos planteado desde el inicio de la crisis en 2007 y 2008. Ahora se está convirtiendo en parte del debate público en Grecia. Esto demostró ser cierto en la asistencia a nuestras jornadas “Marxismo 2010”, donde participaron alrededor de 1,500 personas –fueron de largo las más grandes que hemos hecho–. Este será un elemento crucial cuando nos acerquemos al punto culminante de la lucha. Si se convierte en una crisis a la escala de Argentina en el período 1999-2002, tener una izquierda anticapitalista fuerte dentro de un movimiento de huelga será fundamental.

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