Socialismo Internacional

Periódico de la Organización Socialista Internacional

Engels y el Origen de la Opresión de la Mujer

Posted by Socialismo Internacional en abril 6, 2013

gen11Liberación de las mujeres

¿Cómo podemos acabar con la opresión de las mujeres? Esta es la pregunta que guía en el ensayo que presentamos a continuación, un escrito que pasa balance sobre las explicaciones y la lucha socialista en la liberación de las mujeres.

Sharon Smith, militante socialista de la International Socialist Organization (ISO) en Estados Unidos, y autora del libro Women and Socialism (Haymarket Books, 20o5, 2013), problematiza con las diversas corrientes del feminismo estadounidense planteando una interpretación clasista del surgimiento de la opresión de la mujer. Smith argumenta que la suerte futura del socialismo está atada a la liberación de las mujeres y viceversa. Defiende la centralidad de la lucha emancipatoria en el socialismo revolucionario verdadero.

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¿Cómo podemos acabar con la opresión de las mujeres?  Esta pregunta solo puede ser contestada estableciendo otra pregunta: ¿Por qué están siendo oprimidas las mujeres?  Hasta que no determinemos el origen de la opresión de la mujer, no sabremos quién o qué necesita cambiar.  Esto, “la pregunta de la mujer”, ha sido fuente de controversia por más de un siglo.  Karl Marx y Frederick Engels, establecían el origen de la opresión de la mujer con el surgimiento de la sociedad dividida en clases.  Su análisis sobre la opresión de la mujer no era un asunto añadido como pensamiento posterior a su análisis sobre una sociedad de clases, sino una parte integral del mismo desde el comienzo. Cuando Marx escribió el Manifiesto Comunista en 1848, planteamientos sobre la liberación de la mujer eran ya una parte central de teoría revolucionaria socialista:

El burgués ve a su esposa como mero instrumento de producción. Escucha que [bajo el comunismo] los instrumentos de producción serán explotados en común, y, naturalmente, no puede por menos de pensar que las mujeres correrán la misma suerte.

Ni siquiera puede sospechar que el punto al que [los comunistas] queremos llegar es la abolición del status de la mujer como mero instrumento de producción. [1]

Marx y Engels desarrollaron una teoría sobre la opresión de la mujer durante todas sus vidas, culminando en la publicación de El Origen de la Familia, la propiedad privada y el Estado en 1884. [2]  Engels escribió El Origen luego de la muerte de Marx, pero fue un trabajo conjunto, ya que utilizó las notas detalladas de Marx junto con las suyas.

La teoría que se desarrolla en El Origen fue basada ampliamente en la pionera investigación del antropólogo del siglo XIX Lewis Henry Morgan.  La investigación de Morgan, publicada bajo un volumen de 560 páginas, titulada Sociedad Antigua, fue el primer intento materialista para tratar de entender  la evolución de la organización social humana.  Morgan descubrió, bajo contacto extensivo con los indios iroqueses en New York, un sistema de parentesco que se estructuraba de manera totalmente diferente a la familia nuclear moderna.  Dentro de esta, los iroqueses, vivían en relativa equidad y las mujeres ejercían capacidades extraordinarias de autoridad.  Este descubrimiento inspiró a Morgan a estudiar otras sociedades, y, en el proceso, descubrió que otras sociedades nativo-americanas localizadas a miles de millas de los iroqueses se estructuraban en formas de parentesco remarcablemente similares. Esto provocó que argumentara que la sociedad humana ha evolucionado a través de etapas sucesivas, basadas sobre el desarrollo de las “artes sucesivas de subsistencia”. [3]  Aunque parte de la data antropológica de Morgan, hoy en día se encuentra caduca, corrientes antropológicas más recientes han provisto evidencia amplia que sustenta su marco básico evolutivo. [4]

Engels se basó en la teoría de Morgan para desarrollar en El Origen, como sugiere el titulo, una teoría de cómo el surgimiento de la sociedad clasista llevó al surgimiento del Estado, que representa los intereses de la clase dominante en la lucha diaria, y al surgimiento de la familia, como el medio mediante el cual las primeras clases dominantes se apropiaban y heredaban las riquezas privatizadas. Para poder apreciar completamente esta contribución innovadora del trabajo de Engels [y también el de Morgan], es sumamente necesario saber que Darwin había establecido su teoría sobre la evolución humana hacía sólo unos cuantos años atrás, primeramente con la publicación del Origen de las Especies en 1859, seguido por El Origen del Hombre en 1871.  ¡Los primeros restos humanos no habían sido descubiertos hasta el 1856! [5]  Por esta razón, algunas de las enunciaciones específicas de Engels han necesitado revisión, en vista de toda la información que no estaba accesible en su tiempo.

Esto de ninguna manera le resta importancia a la contribución de Engels. El desarrolló un análisis histórico que identifica la raíz de la opresión de la mujer. En el proceso, proveyó la estrategia para acabar esta opresión. No sería una exageración decir que el trabajo de Engels ha definido los puntos de debate alrededor de El Origen de la opresión de la mujer por los pasados 100 años.  Desde que fue publicado, la mayoría de los escritores en el tema de la opresión de la mujer tienden a apoyar o negar la teoría marxista como la establece Engels en El Origen de la Familia, la propiedad privada y el Estado. En este trabajo, espero resumir la esencia de su trabajo y señalar los puntos controversiales.

¿Neandertales Sexistas?

Mientras las líneas de batallas han sido dibujadas alrededor de puntos de vista ampliamente divergentes, los y las socialistas casi siempre se encuentran solos/as retando la presunción de que la opresión de la mujer, en mayor o menor medida, es causada por la necesidad permanente del hombre de dominar y oprimir la mujer. Esta presunción es mantenida tanto por hombres machistas tradicionales tratando de comprobar una tendencia vagamente definida en donde los hombres dominan a las mujeres (y la también vagamente definida tendencia de mujeres criar y por tanto ser sometidas a la dominación), como por feministas tratando de comprobar básicamente lo mismo.  Rara vez el argumento es uno puramente biológico acerca de los niveles de testosterona.  Sin embargo, ya sea establecido o implicado, presunciones biológicas y sobre la naturaleza humana se ocultan justo bajo la superficie de este debate. [6]

Las explicaciones sobre la opresión de la mujer son variadas—algunas son simplemente horribles y muchas están distantemente basadas en mera especulación más que en evidencia concreta.  Las teorías más comunes se basan en la presunción de que la fuerza física mayor de los hombres los lleva a ser más agresivos (siendo la lógica, presumiblemente, que los hombres dominan a las mujeres simplemente porque pueden). La familiar imagen infantil del Neandertal arrastrando a la mujer por el pelo de cueva en cueva, ciertamente parece estar basada en esta falsa presunción biológica.

Mucho sobre el debate del Origen de la opresión de la mujer ha estado ocurriendo en el campo de la antropología, el estudio de las sociedades humanas. Lejos de una ciencia objetiva, el estudio antropológico trae consigo todo el bagaje subjetivo de los prejuicios culturales de sus investigadores. El ejemplo más obvio es el del machismo que dominó el campo hasta solo unas décadas atrás, causando que muchos antropólogos presumieran que todas las actividades importantes en cualquier sociedad eran realizadas por hombres. Eleanor Burke Leacock citó un ejemplo muy claro en su libro, Mitos de la dominación Masculina, de un extracto por el antropólogo Robin Fox que fue escrito como si fuera dirigido solamente a una audiencia masculina:

En el comportamiento como en la anatomía, el poder de nuestro linaje reposa sobre una estructura relativamente generalizada.  Fue precisamente porque no nos especializamos como nuestros primos los primates que tuvimos que contribuir soluciones dirigidas al control e intercambio de féminas. [7]

Hasta que el movimiento de mujeres de los tardíos 1960 comenzó a retar el machismo, presunciones sexistas proveían las bases para generalizaciones amplias. Claude Levi-Strauss, antropólogo destacado dentro de la escuela estructuralista, se atreve a argumentar que “la sociedad humana…es primordialmente una sociedad masculina”. Argumenta que “el intercambio de mujeres” es un exaltamiento “prácticamente universal” de la sociedad humana, en donde hombres obtienen mujeres de otros hombres—de padres, hermanos y otros hombres relacionados. Más aun, enfatiza que “la profunda tendencia polígama, cual existe dentro de todos los hombres, ocasiona que la cantidad de mujeres disponibles siempre parezca insuficiente”.  Por lo tanto, “las mujeres más deseables deben conformar una minoría”.  Por esto, “la demanda de mujeres es un hecho real, siempre en un estado de desequilibrio y tensión.” [8]  Según Levi-Strauss, entonces, las mujeres han sido las victimas pasivas de la agresión sexual masculina desde los comienzos de la sociedad humana.

De igual manera, observadores occidentales frecuentemente han llevado consigo imparcialidades culturales (incluyendo, muchas veces, machismo cultural) cuando estudian cazadores-recolectores o sociedades horticulturales.  Costumbres son medidas bajo el criterio occidental, en lugar de tratar de entender el sistema de valores original de una cultura particular. Por ejemplo la práctica común entre mujeres esquimales de acostarse con los hombres visitantes es muchas veces interpretada como un ejemplo del estatus inferior de las mujeres—de las mujeres ser ofrecidas como regalos o propiedad.  Sin embargo, esto podría ser o no ser verdad.  Como Leacock resalta, “esto es una lectura etnocéntrica que presume que una  mujer no puede (ya que no debería) disfrutar el hecho sexual con nadie excepto su esposo ‘real’ y que se rehúsa a reconocer que la variedad en las relaciones sexuales es entretenido para las mujeres (cuando no se está circunscrito a todos los modos de tabú) al igual que para los hombres.” [9] En sí misma, esta costumbre sexual dice muy poco sobre el estado de la mujer en la sociedad esquimal contemporánea, cuando ésta se encuentra bastante integrada en el sistema capitalista—mucho menos, cual ha sido el estatus de las mujeres históricamente.

Abundan teorías que sobreponen las características de un mundo pre-clases sobre sociedades que  han vivido por décadas o hasta siglos bajo dominación colonial. Marvin Harris, quien ha escrito series de libros populares sobre El Origen de las sociedades humanas, es un típico ejemplo de un escritor que se dedica a este tipo de especulaciones.  Las teorías de Harris se amparan en su afirmación de que la “supremacía masculina” es el resultado directo de enfrentamientos e infanticidio femenino, el cual él dice era utilizado por sociedades primitivas para prevenir que el crecimiento poblacional agotara el entorno que los rodeaba.

Además, Harris basó muchas de sus conclusiones en estudios sobre el grupo guerrero Yanomamo quienes viven en la frontera entre Brasil y Venezuela, en donde los hombres dominan brutalmente a las mujeres.  Como otros escritores han destacado, sin embargo, otros grupos Yanomamo son relativamente pacíficos.  Además, es muy probable, que este grupo Yanomamo no haya desarrollado su propensión bélica hasta 1758, cuando se enfrentaron para sacar los primeros grupos de exploradores españoles y portugueses en busca de esclavos—en otras palabras hasta el asentamiento del colonialismo. [10] 

Moldeamiento Feminista

Muchas escritoras feministas han sido igual de culpables en moldear la evidencia para que encaje con la teoría.  Por ejemplo, Sherry Ortner argumenta en “¿Es lo Femenino para lo Masculino lo que la Naturaleza es para la Cultura?” que, históricamente, la capacidad de las mujeres para parir las acerca más a la “naturaleza”, mientras que la capacidad de los hombres para lo bélico les permitía dominar en el reino de la “cultura”.  Bajo esta premisa, ella comete la abrumadora generalización que “en todos lados, en todas las culturas conocidas, las mujeres son consideradas inferiores a los hombres en algún grado”.  Pero se encuentra limitada en evidencia—y lo que plantea está muy lejos de ser definitivo. Por ejemplo, ella cita un estudio de los 1930’s sobre la sociedad indio americana matrilineal, el Cuervo. Aunque Otner admite que en muchos aspectos las mujeres del Cuervo mantienen posiciones de autoridad relativamente altas, cita el tabú en el Cuervo hacia las mujeres durante la menstruación como evidencia de que no obstante son consideradas como inferiores. Entre otras cosas, a las mujeres menstruando no se les permite tocar a un hombre herido ni a un hombre iniciándose en un grupo de guerra. [11]

Las prácticas más comunes en sociedades primitivas de apartar mujeres menstruando son utilizadas muchas veces por feministas para evidenciar que los poderes reproductivos de las mujeres son una fuente de miedo y desprecio universalmente. Pero no lo son. Por ejemplo, algunas sociedades cazadoras-recolectoras no tienen ningún tipo de tabú sobre la menstruación.  En otras, los hombres intentan imitar los poderes reproductivos de las mujeres. Y, como Stephanie Coontz y Peta Henderson han destacado, esta interpretación de los tabús menstruales deja “la impresión que las mujeres son [vistas como] sucias o malignas en lugar de reconocer que ciertas sustancias, como la sangre, son peligrosas, aun siendo derramadas por hombres o mujeres” en muchas sociedades. [12]

Como prueba, algunas antropólogas feministas—particularmente feministas-socialistas, como Henderson y Cootz citadas previamente—han contribuido a nuestro entendimiento de la opresión de la mujer históricamente, y en algunos casos han ayudado a adelantar el desarrollo de la teoría de Engels. [13]  Y algunas antropólogas feministas han aportado gran cantidad de data que permite corroborar la reclamación de Engels sobre la existencia de sociedades pre-clasistas igualitarias, como el estudio de Patricia Daper sobre la sociedad Kung en África del Sur y la investigación de Judith Brown sobre los iroqueses.

Pero, en su forma más pura, muchas de las teorías feministas recaen sobre no más que la suposición—cuyo alcance está limitado por la imaginación de sus autoras.  Dependiendo de quién esté redactando, los hombres dominan las mujeres porque las mantienen relegadas por sus habilidades de parto—o porque sienten celos por sus habilidades de parto.  Los hombres oprimen las mujeres porque en el pasado las mujeres formaron un poderoso matriarcado que fue derrocado—o porque los hombres siempre han sido un patriarcado tiránico. Gerda Lerner argumenta en su libro, La Creación del Patriarcado, “Feministas comenzando con Simone de Beauvoir… [han explicado la opresión de la mujer] como causada por tanto la biología como la piscología masculina.”  Luego ella continúa describiendo muestras de teorías feministas, que rayan todas en lo descabellado:

De este modo, Susan Brownmiller ve la habilidad del hombre para violar a la mujer destacando su propensión para violar mujeres y mostrando como esto ha dirigido a la dominación masculina sobre la mujer y a la supremacía masculina.  Elizabeth Fisher ingeniosamente argumentó que la domesticación de animales…causó que los hombres tuvieran la idea de violar a las mujeres. Ella reclamaba que la brutalidad y la violencia conectada a la domesticación de animales daban paso a la dominación sexual de los hombres y a la agresión institucionalizada. Recientemente, Mary O’Brien construyó una explicación elaborada acera de El Origen de la dominación masculina y de la necesidad psicológica del hombre para denigrar por su inhabilidad para parir a través de la construcción de instituciones de dominación y, como Fisher, vincula este “descubrimiento” al periodo del descubrimiento de la domesticación animal. [14]

El Método Marxista:

La teoría marxista plantea la pregunta sobre la opresión de la mujer de manera diferente—desde un punto de partida materialista.  Está basado no en especulación, sino en ir armando lo que actualmente conocemos acerca de la evolución de la sociedad humana.  Mas importante, sabemos que las mujeres no siempre han sufrido opresión—de hecho la evidencia demuestra que en unas cuantas sociedades más primitivas, las mujeres son consideradas como iguales a los hombres. Fue solamente recientemente en la evolución de los seres humanos que la posición social de la mujer decayó en comparación con la de los hombres.

En la introducción de la primera edición de El Origen, Engels explica el materialismo como sigue:

De acuerdo a la concepción materialista, el factor determinante en la historia es, finalmente, la producción y reproducción de la vida inmediata.  Esto, nuevamente, es un personaje dual: por un lado, la producción de los medios de existencia, de comida, vestimenta y techo y las herramientas necesarias para esa producción; por el otro, la producción de seres humanos mismos, la propagación de la especie. [15]

Pero el marxismo es tanto materialista y como dialéctico. Está basado sobre el entendimiento de que la historia ve a los seres humanos como ambos 1) productos del mundo natural y 2) capaces de interactuar con su entorno natural, cambiando en el proceso su entorno y ellos mismos.

Es cierto que hay algunas cosas sobre las primeras sociedades humanas que no podemos conocer porque no hay registros escritos. Sin embargo, estudiando herramientas, huesos y otros fósiles, es posible ver que distinguía a nuestros ancestros humanos de los simios. En primera instancia, estaba su habilidad para planificar sus acciones de manera que pudieran ganar más control sobre la naturaleza. Esto les permitió ganar medios de supervivencia en una amplia gama de climas y circunstancias—proceso que Marx y Engels llamaron trabajo. En su artículo sin terminar, “El Papel del Trabajo en la transición de Simio a Hombre”, Engels escribe, “[E]n cierto sentido, tenemos que decir que el trabajo creó al hombre.” [16]  Chris Harman argumenta que los simios:

están genéticamente programados en formas estrechas que le proveen con el comportamiento apropiado a un rango limitado de entornos, mientras que nosotros [humanos] estamos caracterizados por una flexibilidad inmensa en nuestro comportamiento que nos permite, virtualmente solos en el mundo animal, prosperar en cualquier parte del globo. Esto es una diferencia fundamental entre nosotros y los simios existentes. Así los gorilas no serán encontrados fuera de una selva tropical, los chimpancés fuera de regiones arboleadas en la África subsahariana, gibones fuera del tope de los arboles en el sureste de Asia, orangutanes fuera de ciertas islas en Indonesia; en contraste, los humanos han sido capaces de vivir a través de una inmensa parte de África, Europa y Asia por al menos medio millón de años. Nuestra “especialización” genética es precisamente que no somos especializados, no estamos restringidos por ningún rango limitado en nuestro comportamiento instintivo. [17]

La inclusión de carne en la dieta significó que humanos más antiguos podían sobrevivir en una amplia variedad de climas, así que podían dispersarse alrededor del mundo.  La necesidad para la planificación en la caza y otras actividades en turno necesitó coordinación y comunicación verbal, lo que produjo el desarrollo de la laringe. La construcción de herramientas requirió destreza manual e inteligencia, lo que ocasionó el desarrollo de las manos y el engrandecimiento del cerebro. La anatomía humana entonces evolucionó de acuerdo a las “necesidades” del proceso de trabajo. Pero, por otro lado, el proceso de trabajo avanzó aun más, de acuerdo a la evolución de la anatomía humana—desarrollando mejoras en las herramientas y otros productos utilizados para dominar el entorno y formas más complejas de comunicación.  Como lo destacó Engels, “Entonces la mano no es solamente el órgano de trabajo, sino también el producto del trabajo. [18]  Este mismo curso de desarrollo aplica a la sociedad entera.

Comunismo Primitivo

Antes de la sociedad de clases, la idea del emparejamiento estrictamente monógamo de hombres y mujeres con sus crías—la familia nuclear—era desconocida por la sociedad humana.  Inequidad también era desconocida.  Por más de 2 millones de años, los humanos vivieron en grupos compuestos por personas en su mayoría relacionadas por sangre, en condiciones de relativa equidad.  Este entendimiento es una parte importante de la teoría marxista, aunque mucha de la evidencia más antigua para esto surgió de una fuente sospechosa: de misioneros jesuitas del siglo diecisiete—y dieciocho—que grababan sus observaciones acerca de las culturas nativo-americanas con las que se encontraban.

Los jesuitas estaban espantados mayormente por el nivel de igualdad encontrado—incluyendo la libertad e igualdad sexual entre hombres y mujeres. Un jesuita, cuando se encontró con los Montagnais-naskapi del este de Canadá, reportó, “Le dije que no era honorable para una mujer amar a otro excepto a su esposo, y que, este acto maligno entre ellos, ni el mismo estaba seguro que su hijo, que estaba ahí presente, era su hijo.  Pero los Naskapi estaban igualmente espantados por los jesuitas. El hombre respondió, “Tú no tienes sentido.  Ustedes los franceses aman solamente a sus propios hijos; pero nosotros amamos a todos los hijos de nuestra tribu.” [19]

Los jesuitas recordaron su incredulidad ante el hecho que los indios ni tenían, ni aparentemente deseaban, algún tipo de jerarquía social. Este comentario del Padre Paul Le Jeune, escrito en 1634, nuevamente describiendo los Naskapi, era típico: Ellos “no pueden soportar en lo más mínimo a aquellos que parecen deseosos de asumir superioridad sobre los demás; ponen todas las virtudes en una cierta suavidad o apatía.”

Le Jeune y los otros misioneros salieron, por supuesto, a cambiar este estado de cosas. “¡Ay!”, se quejó, “si alguien pudiera parar las andanzas de los salvajes, y dar autoridad a uno de ellos para gobernar a los demás, podríamos verlos convertidos y civilizados en un corto período de tiempo.” Pero los obstáculos fueron muchos. “Como no tienen ni organización política, ni oficinas, ni potestades, ni cualquier otra autoridad, porque sólo obedecen a su jefe a través de la buena voluntad hacia él, nunca se matan unos a otros para adquirir estos honores. Además, a medida que se contentan con una vida simple, ninguno de de ellos se entrega al diablo para adquirir riqueza.” [20]

Lewis Henry Morgan llegó a la conclusión, después de pasar un largo período entre los iroqueses en su natal Nueva York, que el sistema de parentesco utilizado por los iroqueses rastrea todas las líneas de sangre a través de la madre en lugar del padre (descendencia matrilineal vs patrilineal).  Mediante el estudio de otras sociedades (en un principio otras culturas indígenas de América), Morgan comenzó a adquirir evidencia de que la organización social humana había evolucionado, correspondiendo a los cambios en cómo la gente gana su sustento.  Esbozó tres períodos distintos, cada uno una etapa progresiva de desarrollo social.  Los llamó “el salvajismo, la barbarie y la civilización”, que refleja la terminología de la época victoriana. Los nombres han cambiado desde entonces, pero el esquema básico sigue siendo válido: la etapa que llamó “salvajismo” se refiere a los cazadores-recolectores o sociedades recolectoras, la “barbarie” es una etapa en la que predominaba la agricultura, primero con “tala y quema”, o la horticultura, y más tarde el uso de técnicas avanzadas, tales como el arado y la irrigación a gran escala; la “civilización” es un término que todavía se utiliza, que se refiere a la evolución de la sociedad urbana y los inicios de la industria.

La investigación de Morgan ayudó a sustentar la afirmación de Marx y Engels de que un largo periodo de “comunismo primitivo” precedió la sociedad de clases. Pero también ayudó a Engels a clarificar con precisión cómo surgió la opresión de la mujer conjuntamente con el surgimiento de la sociedad de clases. Un cuidadoso estudio de Morgan sobre los iroqueses mostró dos cosas: 1) que las mujeres iroqueses y los hombres tenían una rígida división del trabajo entre los sexos, pero 2) que las mujeres eran iguales a los hombres, con completa autonomía sobre sus propias responsabilidades y poder de decisión dentro de la sociedad en su conjunto. [21]

Las mujeres mayores participaban en las deliberaciones del consejo que tomaba decisiones.  Como señaló un observador del siglo XIX: “Han ejercido un efecto negativo, o lo que llamamos un poder de veto, en la importante cuestión de la declaración de guerra. Ellas también tenían el derecho a interponerse en el logro de la paz.  “Como señala Judith Brown, ya que las mujeres controlaban la siembra y el cultivo, se les dio una gran autoridad, incluso a través de actividades de los hombres:

No fue sólo en el ámbito doméstico que las matronas controlaban la distribución de los alimentos.  Mediante el suministro de las disposiciones esenciales para las actividades de los hombres—la caza, el Camino de Guerra, y el Consejo— en algún modo fueron capaces de controlar las mismas.  Así Randle escribe: “Indirectamente, también, se afirma que las mujeres podían obstaculizar o de hecho impedir un grupo de guerreros que carecían de su aprobación por no dar los suministros de maíz seco y los mocasines que los guerreros requerían.” [22]

Por lo tanto, el papel de las mujeres en la producción les ofreció—a las mujeres ancianas en particular—considerable poder político dentro la sociedad en su conjunto.  Morgan y los datos de otros autores sobre los iroqueses se mantienen solos, demostrando que la opresión de las mujeres no ha existido en todas las sociedades humanas. Pero vale la pena señalar que investigaciones más recientes han proporcionado una gran cantidad de ejemplos que muestran que las mujeres gozan de una relativa igualdad con los hombres en sociedades pre-clasistas. [23]

Por ejemplo estudios sobre los bosquimanos de Kung en el desierto Kalahari llegaron a conclusiones similares.  Patricia Daper descubrió que en las sociedades cazadoras-recolectoras de Kung, las mujeres contribuyeron por igual, sino más, al suministro de alimentos.  Ella describió a los dos sexos viviendo en completa igualdad, tomando en cuenta:

Entre los Kung hay un nivel de tolerancia cultural extremadamente bajo hacia comportamientos agresivos departe de cualquiera, hombre o mujer. En las sociedades donde se valora la agresividad y la dominación, estos comportamientos se acumulan de manera desproporcionada entre los machos y las hembras son blancos comunes, resultando en la disminución de su estatus.

Las mujeres Kung no quedan atrapadas en esta dimensión de la complementariedad de los roles sexuales. Ellas habitualmente mantienen un comportamiento moderado, pero también lo hacen sus hombres. [24]

El surgimiento de la sociedad de clases

La evolución humana ha tenido lugar durante un largo tiempo—un período de millones de años. Los primeros antepasados humanos (Homo habilus) probablemente aparecieron alrededor de hace 2 millones de años o más, mientras que los humanos anatómicamente modernos (Homo sapiens sapiens) no aparecieron hasta entre 200.000 y 100.000 años atrás. Las primeras formas de agricultura no comenzaron hasta hace 10.000 años, y ha sido sólo en los últimos miles de años que la sociedad humana ha experimentado un desarrollo mucho más rápido de la tecnología. [25]

Durante la mayor parte de la historia humana, hubiera sido imposible el acumular riquezas—ni había mucha motivación para hacerlo.  Por un lado, no hubiese habido lugar para almacenarla.  La gente vivía en bandas nómadas—sociedades cazadoras-recolectoras—sustentándose ellos mismos a través de una combinación de recolección de bayas, crecimiento de raíces y otros vegetales, y cazando o pescando.  En la mayoría de estas sociedades no había necesidad en trabajar más de las varias horas que requería el producir lo necesitado para sustentarse.  Pero incluso entre las primeras sociedades para avanzar a la horticultura, no era realmente posible producir mucho más de lo que se iba a consumir inmediatamente por los miembros de las bandas.

Con el inicio de producciones agrícolas más avanzadas— a través del uso del arado y /o métodos avanzados de riego—y los comienzos de las comunidades asentadas, en algunas sociedades, los seres humanos fueron capaces de extraer más que los medios de subsistencia del medio ambiente.  Esto llevó a la primera acumulación de excedentes, o riqueza. Como Engels argumentó en El Origen: “Por encima de todo, ahora conocemos el primer arado de hierro tirado por animales, lo que hizo posible la agricultura a gran escala, el cultivo de los campos, y por lo tanto ha creado un suministro de alimentos sin restricciones en comparación con las producciones previas.” [26]  Este fue un punto de inflexión para la sociedad humana, porque significaba que, con el tiempo, la producción para el uso podría ser remplazada por la producción para el intercambio y, eventualmente, para fines de lucro—lo que lleva a la aparición de las primeras sociedades clasistas hace unos 6,000 años atrás (primero en Mesopotamia, seguido de unos pocos cientos de años más tarde por Egipto, Irán, el Valle del Indo y China). [27]

Engels sostenía que el surgimiento de la sociedad de clases trajo consigo la creciente desigualdad entre los gobernantes y los gobernados, y entre hombres y mujeres.  Al principio, el excedente se comparte con todo el clan—así que la riqueza no se acumula por un solo individuo o  grupos de individuos.  Pero poco a poco, mientras las comunidades que se asentaban crecían en tamaño y se tornaban en organizaciones sociales más complejas, y, más importante, mientras el excedente crecía, la distribución de la riqueza se volvió desigual—y un pequeño número de hombres subieron en riquezas y poder sobre el resto de la población.

La división social del trabajo en sociedades clasistas

El quid de la teoría de Engels sobre la opresión de las mujeres se basa en la relación entre la división sexual del trabajo y el modo de producción, que sufrió una transformación fundamental con la aparición de la sociedad de clases.  En las sociedades cazadoras-recolectoras y hortícolas, había una división sexual del trabajo—conjuntos de responsabilidades definidos rígidamente entre mujeres y hombres.  Sin embargo, ambos sexos se les permitía un alto grado de autonomía en el desempeño de esas tareas.  Por otra parte, y esto es un elemento aprendido desde los tiempos de Engels—las mujeres no solo proporcionaban la mayor parte de la comida para la banda en sociedades cazadoras-recolectoras, sino que, en muchos casos, ellas proveían casi toda la comida. [28]  Así que las mujeres en las sociedades pre-clasistas fueron capaces de combinar la maternidad y el trabajo productivo—de hecho, no había separación estricta entre las esferas productivas y reproductivas.  Las mujeres en muchos casos podían llevar a los niños con ellas mientras sembraban y recogían, o dejarlos al cuido de otros adultos durante unas cuantas horas.  Del mismo modo, muchos bienes podrían ser producidos en el hogar.  Dado que las mujeres fueron fundamentales para la producción en estas sociedades pre-clasistas, la desigualdad sistemática entre los sexos no existía, y mujeres más ancianas gozaban de un estatus relativamente alto.

Todo eso cambio con el desarrollo de la propiedad privada.  De acuerdo con la división sexual del trabajo, los hombres tendieron a hacerse cargo de los ​​trabajos agrícolas más pesados, como arar, ya que era más difícil para las mujeres embarazadas o en lactancia y podría poner en peligro a los niños pequeños que ellas cargaban. Además, dado que los hombres tradicionalmente se ocupaban de la caza mayor (aunque no exclusivamente [29]), de nuevo, tenía sentido para ellas supervisar la domesticación del ganado. Engels sostuvo que la domesticación del ganado precedió al uso del arado en la agricultura, a pesar de que ahora se acepta que estos dos procesos se desarrollaron al mismo tiempo. [30]  Pero esto no disminuye la validez de su explicación de por qué cayó en los hombres el control sobre el ganado.

Dado que la producción se alejó de la casa, el papel de la reproducción cambió  sustancialmente.  El cambio hacia la producción agrícola aumentó considerablemente la productividad del trabajo. Esto, a su vez, aumento la demanda para trabajar—mientras mayor fuera el número de trabajadores de campo, mayor seria el excedente.  Por lo tanto, a diferencia de las sociedades de cazadores-recolectores, que buscaban limitar el número de hijos, las sociedades agrícolas trataron de maximizar el potencial reproductivo de las mujeres, por lo que la familia tendría que tener más hijos para ayudar en los campos.  Por lo tanto, al mismo tiempo que los hombres estaban jugando un papel cada vez más exclusivo dentro de la producción, las mujeres estaban obligadas a desempeñar un papel mucho más central en la reproducción.

La rígida división sexual del trabajo sigue siendo la misma, pero la producción se alejó de la casa.  La familia ya no sirve nada más que una función reproductiva, como tal, se convirtió en una unidad económica de consumo. Las mujeres quedaron atrapadas dentro de sus familias individuales, como las reproductoras de la sociedad, aisladas de la producción.  Estos cambios ocurrieron por primera vez entre las familias que poseen la propiedad, la primera clase dominante. Pero con el tiempo, la familia nuclear se convirtió en una unidad económica de la sociedad en su conjunto.

Es importante entender que estos cambios no ocurrieron de la noche a la mañana, sino durante un periodo de miles de años.  Por otra parte, la codicia no era responsable, en primera instancia, por la distribución desigual de la riqueza. Tampoco era el machismo la razón por la cual el poder cayó en manos de (algunos) hombres, mientras que la situación de las mujeres se redujo drásticamente. No hay ninguna evidencia (ni ninguna razón para suponer) que las mujeres fueron forzadas a este papel por los hombres.  Para las familias que poseían la propiedad, un mayor superávit habría sido en interés de todos los miembros del hogar.  Engels dijo sobre los primeros hombres “propietarios” de ganado domesticado, “Lo que es seguro es que no debemos pensar en él como un dueño de propiedad en el sentido moderno de la palabra.”  Era dueño de su ganado en el mismo sentido que era propietario de las otras herramientas necesarias para obtener alimentos y otras necesidades.  Sin embargo, “la familia no se multiplica tan rápidamente como el ganado.” [31] La producción agrícola, también, aumentó considerablemente—algunos de los cuales necesitaban ser almacenados para alimentar a la comunidad en caso de una mala cosecha, y algunos de los cuales podían ser intercambiados por otros bienes.

Obviamente, todas las sociedades en todo el mundo no experimentaron una sucesión idéntica de los cambios en el modo de producción.  El conocimiento de Engels era vasto, pero se limitó a Alemania y a las sociedades clásicas mediterráneas y asiáticas.  Se basó principalmente en datos de Morgan para evaluar las sociedades no-europeas. Tampoco los cambios en el modo de producción conducen automáticamente a cambios precisos en la reproducción. De esta forma, el incesto entre hermanos y hermanas se mantuvo bastante común en el antiguo Egipto, mientras que fue prohibida en la mayoría de las sociedades de clases con un desarrollo comparable. Pero desde el tiempo de Engels, como Eleanor Burke Leacock mantiene, “las investigaciones arqueológicas han dado una imagen innegable de desarrollo de la humanidad de cazadores ‘salvajes’ a agricultores ‘barbaros’ y, finalmente, a civilizaciones del Antiguo Oriente.” [32]

Del mismo modo, Chris Harman escribió: “[L]a ruta exacta de la caza-recolección a través de la horticultura y la agricultura a la civilización varió considerablemente de una sociedad a otra.” Pero,

[l]as formas divergentes en las que la sociedad de clases ha surgido no debe hacernos olvidar las enormes similitudes entre sociedad y sociedad. Por todas partes había, en principio, el comunismo primitivo. En todas partes, una vez que las sociedades agrícolas establecidas se formaron, algunos linajes, los ancianos del linaje o “hombres grandes” podían empezar a ganar prestigio por su papel en la realización de la redistribución del poco excedente que existía en los intereses del grupo en su conjunto. En todas partes, mientras el superávit crecía, esta pequeña sección de la sociedad llegó a controlar una mayor parte de la riqueza social, poniéndose en una posición donde podría comenzar a cristalizarse en una clase social. [33]

Las antiguas formas comunales de organización no se transformaron del día a la noche, ni se transformaron de manera uniforme de una sociedad a otra. Sin embargo, se transformaron.  La generosidad inherente a las sociedades primitivas comunistas, en los que el intercambio de regalos es una parte central de la vida social, cambió cualitativamente en condiciones de desigualdad.  El regalar era tradicionalmente un intercambio mutuo.  Pero si el donante del regalo es rico mientras que el receptor no tiene propiedad, es imposible para el receptor poder corresponder.  En tales condiciones, el donante del regalo pudo convertirse fácilmente en un explotador o un recaudador de impuestos. Un jefe que ejerce poca o ninguna autoridad en una banda de alimentación puede fácilmente convertirse en un sacerdote o un burócrata de pie sobre el resto de la sociedad una vez que emergen las clases. Y un hombre que es dueño de unas cuantas cabezas de ganado o un parche de tierra fértil puede, bajo las condiciones adecuadas, convertirse en un propietario rico y poderoso.

Karen Sacks resume el impacto de la propiedad privada sobre la situación general de la mujer en la sociedad:

La propiedad privada transformó las relaciones entre hombres y mujeres dentro del hogar sólo porque también cambiaron radicalmente las relaciones políticas y económicas en la sociedad en general. Para Engels, la nueva riqueza de los animales domésticos significaba que había un excedente de bienes disponibles para el intercambio entre las unidades productivas. Con el tiempo, la producción por los hombres específicamente para fines de intercambio se desarrolló, expandió, y llegó a eclipsar la producción que se hacía en el hogar para el uso personal…  Dado que la producción de intercambio eclipsó la producción para el uso, cambió la naturaleza de la familia, la importancia del trabajo de las mujeres dentro de ella, y por lo tanto la posición de la mujer en la sociedad. [34]

La familia nuclear: la raíz de la opresión de las mujeres

Fue bajo estas circunstancias que la familia monógama nuclear como la conocemos, comenzó a tomar forma. La familia moderna surgió con un solo propósito: transmitir la propiedad privada en forma de herencia de una generación a la siguiente. Toda la imaginería romántica del “amor verdadero”, que desde entonces ha contribuido a idealizar el matrimonio en la sociedad contemporánea no puede cambiar el hecho de que el matrimonio es esencialmente una relación de propiedad. La mayoría de las personas aprenden esto de forma muy clara si se encuentran en la corte de divorcios.

Desde muy temprano, las raíces materiales de la familia nuclear dentro de la sociedad de clases, estuvieron muy claras para Marx y Engels.  En 1846, argumentaron en La ideología alemana que con la abolición de la propiedad privada, “la abolición de la familia es evidente.” [35]  Engels entendió la hipocresía del matrimonio de la clase dominante contemporánea y la degradación de las mujeres que pasaron por esto.  En El Origen, el describe el matrimonio de la clase dominante como algo típico, “un emparejamiento conyugal de aburrimiento pesado, conocido como ‘felicidad domestica’.” [36]  Pero, sobre todo, Engels también rastreó el surgimiento histórico de la familia como una relación de propiedad—que se desarrolló de la mano con la sociedad de clases. Él demostró esta relación, mostrando el significado del término “familia” en el Imperio Romano:

El significado original de la palabra “familia” (familia) no es el compuesto de sentimentalismo y la lucha interna que constituye el ideal del pequeño burgués de hoy en día, entre los romanos al comienzo ni siquiera se refería a las parejas casadas y a sus hijos, solo a los esclavos.  Famulus quiere decir esclavo doméstico, y familia es el número total de esclavos pertenecientes a un solo hombre. Todavía en la época de Gayo, la familia, id est patrimonium (familia, que es el patrimonio, la herencia) era legada por testamento. El término fue inventado por los romanos para designar un nuevo organismo social, cuyo jefe gobernara la esposa e hijos y un número de esclavos, y se invistió bajo el poder paternal romano con los derechos sobre la vida y la muerte de todos ellos. [37]

Engels añade, citando a Marx, “La familia moderna contiene en germen, no sólo la esclavitud (servitus), sino también la servidumbre, ya que desde el principio  se relacionó con los servicios agrícolas. Contiene en miniatura todas las contradicciones que luego se extienden por toda la sociedad y su estado.” [38]

Pero había una contradicción más amplia entre las primeras organizaciones sociales comunales y la naciente sociedad de clases, Engels sostiene.  La riqueza era propiedad de los hombres, pero como la mayoría de las sociedades eran matriarcales, la herencia se pasaba a través de la madre, no del padre. Por otra parte, sin la estricta monogamia, un hombre no puede estar seguro de que los hijos de su esposa son también suyos. Engels escribe:

Entonces, por una parte, en proporción a como incrementaba la riqueza, la posición del hombre en la familia se hacía más importante que la de la mujer; por la otra creó el impulso para explotar esta posición fortalecida con el fin de derrocar, para el bien de sus hijos, el orden tradicional de la herencia… El derecho de la madre, por lo tanto, tenía que ser derrocado, y derrocado fue.” [39]

Engels señala que debido a que esta transformación de la familia se llevó a cabo en tiempos prehistóricos, no podemos saber cómo y cuándo ocurrió.  Sin embargo, “que se llevó a cabo ha sido más que comprobado por los abundantes vestigios del derecho materno que se han recogido”. [40]  Engels probablemente estipula demasiado este punto.  Es cierto que las sociedades que el (y Morgan) analizaban tendían a ser matrilineales.  Pero, los iroqueses eran una sociedad de horticultura relativamente avanzada. Engels concluyó erróneamente que, de acuerdo con la teoría de la evolución, esto necesariamente significa que todas las primeras sociedades cazadoras-recolectoras eran matrilineales. No hay manera de probar o refutar esta afirmación, precisamente porque no hay registros escritos. A pesar de que razonablemente se puede suponer que algunas sociedades humanas primitivas eran matrilineales, no podemos asumir que todas organizaban las estructuras de parentesco de esta manera. [41]

Pero si eran o no eran matrilineales todas las sociedades primitivas no es tan importante como podría parecer. Lo que es indiscutible es que la aparición de la sociedad de clases trajo consigo un cambio universal hacia la línea paterna y, más importante aún, el papel de los hombres como las “cabezas” de sus hogares.  Engels estaba, sin duda alguna, correcto—con más evidencia en apoyo hoy que cuando escribía—que el surgimiento de la familia nuclear trajo consigo la degradación de la mujer, desconocida en las sociedades pre-clasistas. Engels argumentaba,

El derrocamiento del derecho materno fue la gran derrota histórica mundial del sexo femenino.  El hombre tomó el mando en el hogar también, la mujer se vio degradada y reducida a la servidumbre, se convirtió en esclava de su lujuria y un mero instrumento para la producción de los niños… Con el fin de asegurarse la fidelidad de la esposa y por lo tanto, la paternidad de sus hijos, ella es entregada incondicionalmente al poder del marido, y si la mata, sólo está ejerciendo su derecho. [42]

Que el surgimiento de la familia fue una consecuencia—y no una causa, como algunas feministas argumentan—del surgimiento de las clases, es central en el argumento de Engels.  Eleanor Burke Leacock describe como el surgimiento de la familia moderna se desarrolló en respuesta al surgimiento de una sociedad clasista:

La separación de la familia del clan y la institución del matrimonio monógamo fueron las expresiones sociales de desarrollo de la propiedad privada, la llamada monogamia ofreció el medio por el cual la propiedad puede ser individualmente heredada. Y la propiedad privada para algunos significaba la ausencia de propiedad para otros, o el surgimiento de diferentes relaciones con la producción por parte de diferentes grupos sociales. El núcleo de la formulación de Engels se encuentra en la íntima conexión entre la aparición de la familia como una unidad económica dominada por el hombre y este desarrollo de las clases. [43]

Más aun, Engels propone una explicación convincente de por qué las mujeres terminaron siendo el sexo oprimido, y no los hombres.  Muchos escritores que han aceptado el análisis de Engels sobre el surgimiento de la familia nuclear han argumentado, sin embargo, que no explica la desigualdad de género.  Esto ha llevado a la búsqueda de una explicación específica—en particular, el papel de los hombres en la guerra o el comercio. Pero como señala Coontz y Henderson, “la existencia de esferas sexuales separadas sin duda alguna puede conducir a la dominación masculina si la esfera masculina se expande a expensas de la femenina, pero los casos más registrados de tal interrupción—desde la guerra, migración, comercio o el estrés cultural—son el resultado del contacto con sociedades ya desiguales y agresivas.” [44]

El análisis de Engels es directo—puede que necesite ser más desarrollado, pero la esencia está ahí, a la vista.  La división sexual del trabajo que existía en sociedades pre-clasistas, cuando la producción basada en el uso era el modo de producción dominante, no llevaba las implicaciones de la desigualdad de género. Las mujeres eran capaces de combinar sus roles reproductivos y productivos, por lo que ambos sexos eran capaces de realizar trabajo productivo. Pero con el surgimiento de la sociedad de clases, cuando la producción para el intercambio comenzó a dominar, la división sexual del trabajo contribuyó a erosionar la igualdad entre los sexos.  La producción y el comercio ocurrían cada vez mas fuera del hogar, así que el  hogar se convirtió en una esfera estrictamente para la reproducción. Como Coontz y Henderson sostienen,

La creciente necesidad para la redistribución (tanto dentro de los grupos locales como entre ellos) y las tareas políticas que esto crea, tiene consecuencias en los roles sexuales en sentido de que estos roles políticos son en la mayoría de los casos ocupados por hombres, aun en sociedades matrilineales/matrilocales.  Es de suponer que esto proviene de la división de trabajo que asocia a los hombres con actividades de larga distancia, relaciones externas, y los productos que requieren una distribución de todo el grupo, mientras que las hembras son más ocupadas con las tareas diarias de producción de las que no pueden ausentarse. [45]

Por lo tanto, se inicia la esfera “pública” vs la “privada”, con el aumento de las mujeres encerradas en los hogares de familias propietarias.  El surgimiento de la propia familia explica el papel subordinado de las mujeres dentro de ella. Por primera vez en la historia humana, la capacidad de las mujeres de dar a luz les impidió jugar un papel importante en la producción.

Monogamia y prostitución: Dos lados de la misma moneda

Engels pone de manifiesto que el desarrollo de una familia basada en la estricta monogamia no tiene nada que ver con la moral: “El matrimonio de acuerdo con la concepción burguesa era un contrato, una transacción judicial, y la más importante de todas porque dispone de dos seres humanos, en cuerpo y mente, de por vida.”  Él bromea: “Y si la estricta monogamia es la altura de todas las virtudes, la palma de la mano debe ir a la tenia, que tiene un conjunto completo de los órganos sexuales masculinos y femeninos en cada uno de sus 50 a 200 proglótides o secciones, y pasa la totalidad de su vida copulando en todas sus secciones consigo misma”. [46]

Por otra parte, según él, el ideal de la familia monógama se basa en una hipocresía fundamental.  Desde sus inicios, la familia ha sido sellada “con su carácter específico de la monogamia solamente para la mujer, pero no para el hombre.”  En las familias patriarcales clásicas de Roma o Grecia, los hombres eran polígamos legalmente. E incluso después de que la poligamia fue legalmente abolida en la mayoría de las sociedades, los hombres continuaron disfrutando de una mayor libertad sexual.  Los actos de infidelidad por parte de las mujeres, que la sociedad victoriana condenaba en los tiempos de Engels (y que en la sociedad capitalista todavía se le tiene un doble estándar), son “considerados honorables en el hombre, o, en el peor de los casos, una leve mancha moral que lleva contentamente.”  Entonces, concluye acerca del matrimonio monógamo:

No fue de ninguna manera el fruto del amor sexual individual, con lo que no tenía nada que ver; los matrimonios se mantuvieron iguales a los matrimonios anteriores de conveniencia.  Fue la primera forma familiar en basarse no en las condiciones naturales, sino en las económicas—en la victoria de la propiedad privada sobre la propiedad comunal, primitiva, natural. [47]

Incluso entonces, los requisitos del matrimonio monógamo han sido en la mayoría de las sociedades más un ideal que una realidad, incluso para las mujeres.  Aunque los hombres y mujeres por igual están legalmente obligados a practicar la monogamia estricta, con un guiño y un asentimiento, no es raro que ambos sexos violen esta obligación.  Una vez más, la infidelidad entre los hombres es más aceptable—de hecho, al día de hoy, la ideología dominante es que los hombres están “naturalmente” inclinados a desear múltiples parejas sexuales, mientras que la biología de las mujeres las hace estar contentas con uno solo.  Sin embargo, como observó Engels, con el surgimiento de la familia, “el adulterio se convirtió en una institución social ineludible—denunciada, penalizada severamente, pero imposible de suprimir.” [48]

Engels sostiene que la frecuencia de relaciones sexuales entre hombres casados ​​y mujeres solteras se institucionalizó a través del tiempo.  Se “florece en las más variadas formas durante todo el período de la civilización y se desarrolla más y más hacia la prostitución abierta”.  Por lo tanto, junto con el desarrollo de los matrimonios monógamos surgió la primera mercantilización del sexo en la forma de prostitución—ambas productos de las sociedades clasistas.  “Con el aumento de la desigualdad en la propiedad”, argumenta, “el trabajo asalariado aparece… y al mismo tiempo, como su correlato necesario, la prostitución profesional de mujeres libres junto con la entrega forzada de la esclavitud.”  La monogamia y la prostitución son dos caras de una misma moneda, o, en palabras de Engels, “la monogamia y la prostitución son en realidad contradicciones, pero contradicciones inseparables, polos de un mismo estado de la sociedad”. [49] Esta observación de Engels es muy perspicaz, pues probablemente no se pudo haber imaginado, viviendo en la Inglaterra victoriana del siglo diecinueve, el grado en que se convertiría la mercantilización sexual de la mujer en una industria masiva y altamente rentable de este siglo.

La familia bajo el capitalismo

Engels, sin duda también se hubiese maravillado con las otras formas en que el capitalismo avanzado ha cambiado dramáticamente la vida de las mujeres durante el último siglo.  Hoy en día, la mayoría de las mujeres ocupan puestos de trabajo fuera del hogar. En los Estados Unidos, las mujeres constituyen más de la mitad de la fuerza de trabajo. Además, la tecnología ha avanzado tanto que el tiempo dedicado a tareas domésticas, como lavar la ropa, se ha reducido a una fracción de lo que era en el tiempo de Engels.  Restaurantes de comida rápida hacen posible el que las mujeres pasen menos tiempo cocinando.  La educación pública significa que el tiempo que las mujeres gastan en la educación de los hijos se ha reducido considerablemente desde los días en que apenas salían de la casa.

Sin embargo, aun con todos estos cambios, las mujeres siguen oprimidas.  Los salarios de las mujeres son sustancialmente más bajos que los de los hombres en todo el mundo.  El acoso sexual es un problema común para las mujeres trabajadoras.  Un número substancial de mujeres siguen siendo víctimas de violaciones y violencia domestica. Ganancias masivas son realizadas cada año, no sólo de la pornografía, sino a través de la objetivación sexual de las mujeres en la publicidad y a través de los medios de comunicación.  Y, aunque la mayoría de las mujeres ocupan puestos de trabajo fuera del hogar, la sociedad aún les tiene por responsables de la mayor parte de la crianza de los hijos y las tareas domésticas. [50]

Y los fundamentos del análisis de Engels sobre la opresión de las mujeres todavía se sostienen.  Sitúa el origen de la opresión de las mujeres como derivado principalmente de su papel reproductivo dentro de la familia y el papel de la familia como una unidad económica en la sociedad:

En los viejos hogares comunistas, compuestos de muchas parejas y sus hijos, la tarea encomendada a las mujeres, de la gestión de la casa, era tanto pública, como una industria socialmente necesaria, al igual que la tarea de la administración de alimentos por parte de los hombres. Con la familia patriarcal y aún más con la familia única monógama, se produjo un cambio.  El manejo del hogar perdió su carácter público.  Ya no le concernía a la sociedad.  Se convirtió en un servicio privado, la esposa se ​​convirtió en la sirvienta al mando, excluida de toda participación en la producción social.  No fue hasta la llegada de la industria moderna a gran escala que el camino hacia la producción social las volvió a incluir—aun así, solamente a la esposa proletaria.  Pero las incluye de tal manera que, si llevaba a cabo sus tareas hacia el servicio privado de su familia, permanecía excluida de la producción social e incapaz de generar ingresos; y si quiere ser parte de la producción social y tener ingresos independientemente, no puede llevar a cabo tareas del hogar… La familia individual moderna se funda en la esclavitud doméstica abierta o encubierta de la mujer, y la sociedad moderna es una masa de estas familias individuales como sus moléculas. [51]

Para estar seguros, el análisis de Engels necesita un poco de actualización.  Por un lado, como muestra el pasaje anterior, se subestima el grado en que las mujeres de clase media—incluso aquellas de la clase dominante—podían entrar a la fuerza laboral profesional y gerencial de este siglo, mientras el grupo de sirvientes les liberan de la mayoría de las tareas domésticas.  Más importante, desde un punto de vista teórico, el análisis de Engels sobre la familia se centró casi exclusivamente en el papel de la familia de la clase dominante. Por lo tanto, nunca pudo anticipar el grado en que el capitalismo se las arreglaba para incorporar mujeres de clase obrera en la fuerza de trabajo sin disminuir su importancia crucial para la reproducción de la fuerza de trabajo. Esto es ciertamente comprensible, ya que las mujeres en edad fértil sólo comenzaron a entrar en la fuerza de trabajo a gran escala con el desarrollo de un método anticonceptivo fiable en este siglo. Engels también mantuvo una visión casi romántica de la familia proletaria:

Aquí no hay ninguna propiedad, para la preservación y la herencia para lo cual se estableció la monogamia y la supremacía masculina, por lo que no hay ningún incentivo para hacer esta supremacía masculina eficaz.  Además no hay medios para realizarlo. La ley burguesa, que protege esta supremacía, sólo existe para la clase poseedora y sus relaciones con los proletarios…Y ahora esa industria a gran escala ha sacado la esposa fuera del hogar, insertándola en el mercado laboral y en las fábricas… ninguna base para cualquier tipo de supremacía masculina se queda en el hogar proletario, excepto, quizás, algo de la brutalidad hacia las mujeres que se ha extendido desde la introducción de la monogamia. (Mi cita) [52]

Aquí, Engels argumenta, con razón, que la entrada de las mujeres de clase trabajadora en la producción es un paso adelante. Pero sobrestima el grado en como esto solo afecta a la situación de las mujeres en relación a los hombres dentro de la clase obrera. De este pasaje, es evidente que Engels reconoce, pero resta importancia, al impacto de la ideología en la sociedad en su conjunto. Pero como Marta Giménez sostiene que “La clase que controla los medios de producción también controla las condiciones para la reproducción física y social de las clases desposeídas y establece los parámetros dentro de los cuales las formas empíricamente observables de la desigualdad sexual se desarrollan y cambian.” [53]  En todo caso, la opresión sufrida por mujeres de clase obrera es mucho más grave que la de las mujeres ricas, precisamente porque sus familias no tienen propiedad.  (Esto fue, sin duda, cierto en la época de Engels.) No hay comparación entre las experiencias de vida de las mujeres de la clase dominante, como Hillary Clinton o Ivana Trump y los de una mujer de oficina o trabajadora de la fábrica.

Pero la diferencia no es sólo una cuestión de grado. Como Engels describió, una vez que la producción se alejó de la casa, el papel de la familia se convirtió cada vez más en uno de reproducción privatizada.  Bajo el capitalismo, a pesar de todos los otros cambios que han tenido lugar, la familia nuclear sigue siendo el centro para la reproducción privatizada.  Pero la clase dominante existe para reproducir la siguiente clase dominante; las familias trabajadoras reproducen los siguientes trabajadores. La misma naturaleza de la opresión sufrida por las mujeres de diferentes clases es, entonces, un tanto diferente.  Históricamente, las mujeres de la clase dominante tienden a ser poco más que piezas de exhibición, cuya principal contribución social es el nacimiento de un hijo para heredar la riqueza de la familia. El aburrimiento y la sensación de inutilidad tradicionalmente caracterizan la opresión de las mujeres de clase dominante.  Cuando entran en la fuerza de trabajo empresarial o profesional, esto no significa de ninguna manera aumentar su opresión como mujeres, ya que tienen un personal de funcionarios a su disposición.

Lo mismo no puede ser dicho de las mujeres de clase trabajadora. A pesar de la educación pública, los capitalistas de hoy día todavía toman muy poca responsabilidad sobre la legión de trabajadores cuyo trabajo genera sus ganancias. El hecho de que en la actualidad en los Estados Unidos, 44 millones de personas no tienen plan de salud es un ejemplo de esta falta de responsabilidad. La carga para la reproducción de la fuerza de trabajo todavía se encuentra principalmente dentro de la familia obrera—y en el rol de las mujeres dentro de ella—tanto para permitir que la generación de los trabajadores de hoy puedan reponerse por sí solos, como para que puedan regresar a sus puestos de trabajo cada día, y para la cría de la próxima generación de trabajadores. La familia de la clase trabajadora es muy importante para el sistema capitalista como un medio barato de reproducir la fuerza de trabajo.

La entrada a gran escala de mujeres de clase obrera en la fuerza de trabajo no ha cambiado este hecho. Engels sostuvo que se espera que las mujeres que ocupan puestos de trabajo también cumplan con sus tareas domésticas. Sin embargo, mientras que Engels da a entender que las mujeres que trabajan tendrían que hacer una elección entre las dos funciones, la experiencia del capitalismo avanzado ha demostrado lo contrario. De las mujeres de la clase trabajadora se espera que realicen ambas. El resultado es que las mujeres trabajadoras se enfrentan a una doble carga, en el que vuelven a casa del trabajo al final del día sólo para enfrentar todas las responsabilidades de sus familiares.  Cada día es una batalla de nunca acabar para cumplir con el conjunto de responsabilidades. [54]  Por lo tanto, si bien las mujeres desempeñan un papel productivo en el capitalismo avanzado, esto no se ha traducido en igualdad con los hombres como se hacía en sociedades pre-clasistas.  Mientras la reproducción privatizada dentro de la familia nuclear continúe, también lo hará la opresión de las mujeres.

La liberación de las mujeres y el socialismo

Dada la relación de la familia de la clase obrera al sistema capitalista, la respuesta no es por lo tanto, como algunas feministas han sugerido, convencer a los hombres a asumir una mayor parte de las tareas del hogar. Mientras que los socialistas están a favor de que los hombres compartan las tareas del hogar, no mantenemos ninguna de las ilusiones feministas de que esto es la solución a la opresión de la mujer, ya que la reproducción continuará siendo privatizada.  Esta solución es una que sólo afectaría a familias de clase trabajadora.  Tendrá virtualmente ningún efecto sobre las familias que poseen los medios para contratar servicio domestico.  Esto significaría, sin embargo, que los hombres de la clase trabajadora, junto con las mujeres de la misma clase, tendrían que compartir la carga para la reproducción de la fuerza de trabajo—para continuar los beneficios de la clase capitalista. Ambos, mujeres y hombres de la clase trabajadora, merecen más, no menos, tiempo libre—particularmente hoy, cuando trabajadores estadounidenses en promedio están trabajando un mes más por año que hace 30 años atrás. [55]  Marta Giménez argumenta,

[C]ambios en la división del trabajo entre los sexos (es decir, una mayor participación masculina en el trabajo doméstico y cuidado de los niños) que parecen ser “progresistas” y utiles para cambiar los estereotipos de los roles sexuales, no sólo son una forma relativamente ineficiente del uso del tiempo (por tanto la preferencia para la compra de la mano de obra doméstica en el mercado por aquellos que pueden costearla), pero lo que es más importante, es que también contribuyen a fortalecer la familia como el lugar principal para la reproducción de la fuerza de trabajo, diaria y generacionalmente. [56]

Tampoco una reforma legislativa es la solución.  Una vez más, los socialistas apoyan las reformas legislativas, como una enmienda de igualdad de derechos, lo que hacen a las mujeres jurídicamente iguales a los hombres.  Pero, como Engels sostuvo: “La desigualdad jurídica de [los hombres y las mujeres]…no es la causa sino el efecto de la opresión económica de la mujer.”  Si una enmienda sobre igualdad de derechos pasa a través del Congreso mañana, tendría prácticamente ninguna diferencia en las vidas del día a día de mujeres de clase obrera.  Sin embargo, los socialistas están a favor de las reformas legales, debido a los cambios de conciencia que se pueden producir. Engels sostiene que “la necesidad de crear una verdadera igualdad social” entre mujeres y hombres solo se verá claramente cuando ambos posean legalmente igualdad completa de derechos.  Entonces, quedara claro que la primera condición para la liberación de las esposas es traer todo el sexo femenino nuevamente en la industria pública, y que esto en cambio exige que las características de la familia monógama como la unidad económica de la sociedad sean abolidas. [57]

Ganar la igualdad jurídica de las mujeres puede ayudar a que quede más claro que la opresión de la mujer sólo puede ser terminada cuando las relaciones de producción en las que se basa sean derribadas. Lo que era verdad en el tiempo de Engels es todavía más cierto hoy en día—la sociedad tiene más de las riquezas suficientes para transformar las tareas domésticas y los aspectos más pesados de la crianza de niños en una “industria social”—en trabajo productivo y remunerado. Pero esto no puede suceder mientras la producción sólo exista con fines de lucro. Nada menos que una transformación socialista de la sociedad va a ganar una verdadera igualdad para las mujeres:

Con la transferencia de los medios de producción en propiedad común, la  familia deja de ser la única unidad económica de la sociedad. El servicio de mantenimiento domestico privado se transforma en una industria social. El cuidado y la educación de los hijos se convierte en un asunto público, la sociedad se ocupa de todos los niños por igual, tanto si son legítimos o no… ¿Esto no seria suficiente para lograr el crecimiento gradual de las relaciones sexuales sin restricciones y con ella una opinión pública más tolerante en lo que se refiere al honor de una doncella y la vergüenza de una mujer?  Y finalmente… ¿[P]uede la prostitución desaparecer sin arrastrar consigo la monogamia hacia el abismo? [58]

¿Estaba Engels correcto?

Engels tiene muchas críticas. Algo de este criticismo ha sido invaluable. En particular, las antropólogas Eleanor Burke Leacock y Karen Sacks han aplicado datos más recientes para ayudar a desarrollar el enfoque marxista de la opresión de la mujer, según lo establecido por Engels en El Origen, mientras que dejan a un lado sus afirmaciones que han sido desmentidas.  Stephanie Coontz y Henderson Peta han desarrollado un análisis útil de la aparición de la descendencia patrilineal que se basa en la obra de Engels. Más recientemente, Chris Harman ha desarrollado una crítica de Engels, que ayuda a aclarar sus ideas. Todos se han citado anteriormente.

Uno de los errores que alguno de los críticos de Engels cometen, sin embargo—y esto es especialmente, aunque no exclusivamente, el caso de los académicos—es ocuparse tanto de los detalles, como para oscurecer el marco teórico desarrollado por Engels. Cuando se examinan todos los detalles de cada árbol, muy fácilmente se puede ignorar el bosque. Por ejemplo, la socióloga Marta Giménez, en un ensayo también antes citado, ofrece algunas críticas válidas de las afirmaciones específicas hechas por Engels y, para todos los efectos, de manera convincente defiende la esencia de la teoría marxista. Sin embargo, ella sostiene que “la presencia de elementos marxistas y no marxistas en el texto de Engels es un determinante importante de la naturaleza ambigua de sus puntos de vista”—como si de alguna manera Marx y Engels se hubieran separado. [59] Engels pudo haber cometido un sinnúmero de errores, pero este no fue uno de ellos.

El problema se agrava cuando los que son indiferentes al marxismo está haciendo la disección.  Muchas escritoras feministas acusan a Marx y Engels de “deterministas económicos”—de la reducción de todas las cuestiones sociales, incluida la opresión de las mujeres, a las relaciones de clase. La acusación por lo general se basa en la falsa suposición de que el marxismo subordina la opresión de las mujeres al escenario más importante de la lucha de clases. El supuesto subyacente es, por supuesto, que la raíz de la opresión de la mujer es al menos parcialmente de carácter personal, y sin relación a la sociedad de clases—un resultado puro de las relaciones personales desiguales entre el hombre y la mujer. Eleanor Leacock precisa, “en los círculos académicos occidentales, el conocimiento marxista (o al menos suposiciones) de segunda mano son norma, pero los trabajos de Marx y Engels rara vez se leen.  La práctica habitual consiste en establecer en la teoría marxista el hombre de paja en el determinismo económico y luego derribarlo.” [60]

Una de las más hostiles al marxismo, Catherine MacKinnon, escribe en su diatriba anti-marxista, Hacia una Teoría Feminista del Estado, que Marx estaba interesado en la opresión de la mujer “sólo de pasada”. Ella acusa a Engels de sexismo de forma explícita, diciendo, “La clave de Engels en su suposición dinámica sobre la situación de la mujer, es que aquello sin lo cual la historia de Engels no se mueve es (en una palabra) sexismo.”  Por lo tanto, concluye, “Los socialistas clásicos creían en el socialismo primero, y luego en la liberación de la mujer”, como si Marx y Engels hubieran barrido la liberación de la mujer bajo la alfombra. [61]  MacKinnon no se molesta en presentar la documentación de estos cargos.  Sus propios análisis sitúan la fuente de la opresión de la mujer en la existencia de la pornografía.  Y ella se refiere a la penalización de la pornografía como un paso hacia el fin de la opresión de las mujeres—una conclusión derechista que una amplia gama de feministas han rechazado.

Sin embargo, incluso muchas feministas que han tratado de incorporar las cuestiones de clase comparten una suposición similar sobre el marxismo. Por lo tanto, Gerda Lerner critica lo que ella describe como “la insistencia de los marxistas en que las cuestiones de las relaciones sexuales deben ser subordinadas a las cuestiones de las relaciones de clase.” [62]

En particular, el argumento feminista va a menudo, hacia que el marxismo no puede (y no trata de) explicar los aspectos más personales de la opresión de las mujeres, porque sitúa la raíz de la opresión de la mujer en la sociedad de clases. Esta es una caricatura del marxismo, que supone que los marxistas sólo se preocupan por la explotación en el lugar de trabajo. En realidad, los marxistas no categorizan las opresiones. Sin embargo, la localización de las raíces económicas de la desigualdad es precisamente la manera de entender cómo, diferentes formas de opresión aparentemente han llegado a desempeñar un papel crucial, y a menudo interdependiente,  que apunta al sistema de explotación.

Lejos de ignorar los aspectos personales de la opresión de la mujer, Engels presentó por primera vez el marco teórico para la comprensión de ellos. Esto debería ser obvio para cualquiera que haya hecho el esfuerzo de leer El Origen con una mente abierta. Engels incorporó en su análisis todos los aspectos de la opresión de las mujeres—incluyendo la violencia doméstica, la alienación de la sexualidad, la mercantilización del sexo, la monotonía de las tareas del hogar, y la hipocresía de la monogamia obligatoria. Y lo más importante, hizo hincapié en la desigualdad entre mujeres y hombres dentro de la familia. Por otra parte, lo hizo en la época victoriana, cuando tales ideas eran mucho menos comunes que en la actualidad, a raíz del movimiento de liberación de las mujeres.  Localizar la fuente de la opresión de la mujer en la sociedad de clases de ninguna manera limita nuestro entendimiento del impacto que ha tenido en las vidas de las mujeres individualmente.

No debería ser sorprendente que haya un buen número de errores en El Origen—aunque sólo sea porque Engels estaba tan adelantado a su tiempo. Los errores más importantes cometidos por Engels, de hecho, son los casos en que acepta ciertos aspectos de la moral victoriana.  Así, después de un ataque duro a la monogamia forzada, él sin embargo prevé que el socialismo traerá consigo un florecimiento de la… monogamia, en forma de “amor individual”.  Por supuesto, no hay manera de predecir qué tipos de relaciones elegirá la gente en una sociedad donde la sexualidad no esté alienada. Dada la magnitud de la alienación sexual en la sociedad actual, es difícil de imaginar.  Por otra parte, cualquier análisis de la opresión gay está totalmente ausente en el análisis de Engels, a pesar de que la teoría marxista más reciente ha identificado las raíces de la opresión gay, como la de las mujeres, en el surgimiento de la familia nuclear.

Sin embargo, como el siguiente pasaje deja en claro, el método de Engels no sólo abrió la puerta a la comprensión de la opresión de las mujeres, sino también presentó una visión de la liberación de la mujer, que ha continuado tanto para informar e inspirar a las generaciones sucesivas de los socialistas:

Lo que ahora podemos conjeturar acerca de la forma en que las relaciones sexuales se ordenaran después de la caída inminente de la producción capitalista es principalmente de carácter negativo, limitado en su mayor parte a lo que va a desaparecer.  Pero, ¿Qué habrá de nuevo?  Eso será contestado  cuando una nueva generación haya crecido: una generación de hombres que nunca en su vida han sabido lo que es  comprar la entrega de una mujer con dinero o cualquier otro instrumento de poder social; una generación de mujeres que nunca han sabido lo que es entregarse a un hombre por cualquier otra consideración que no sea el amor real, o el de negarse a entregarse a su amante por miedo a las consecuencias económicas.  Cuando estas personas estén en el mundo, importará muy poco lo que la gente de hoy piense acerca de lo que ellos deberían hacer, ellos harán sus propias prácticas y sus propias opiniones públicas acerca de la práctica de cada individuo.

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