Socialismo Internacional

Periódico de la Organización Socialista Internacional

¿Sobrevivirá el Chavismo?

Posted by Socialismo Internacional en abril 28, 2013

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Nicolás Maduro, nuevo presidente de Venezuela.

El Vicepresidente de Venezuela, Nicolás Maduro, ganó las elecciones como el nuevo presidente del país el 14 de abril, en unas cerradas elecciones en contra de Henrique Capriles, líder de la coalición opositora derechista, de la Mesa de Unidad Democrática (MUD). Maduro, persona la cual el fenecido Hugo Chávez designó a ser su sucesor, guió el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) a una estrecha ventaja de más o menos 273,000 votos, de más de 14.8 millones emitidos.

El hecho de que los resultados hayan sido tan cerrados, revelaron la polarización subyacente del país entre dos sectores—los “Chavistas”, cuyo apoyo surge entre los pobres y de la clase trabajadora no-blancos del país; y la oposición, cuya base siguen siendo los ricos del país y su educada clase media blanca.

Lance Selfa analiza la ganancia inesperada de los de derecha en las elecciones de Venezuela—y las propuestas de la izquierda para renovar el movimiento popular.

No obstante, fue claro que la oposición fue exitosa atrayendo votos de personas que habían apoyado a Chávez en pasadas elecciones. Como Martín Sánchez, miembro de Marea Socialista, un grupo revolucionario que trabaja dentro del PSUV, dijo en una entrevista:

Los Chavistas perdieron 600,000 votos en estas elecciones, comparado con las elecciones presidenciales de Octubre. La diferencia es increíble. Las urnas dijeron que Maduro tuvo una ventaja de 10% y luego bajó a 1%. Si las elecciones hubiesen continuado por una o dos semanas más, Capriles hubiese ganado. Incluso, las personas que recibieron apartamentos gratis del gobierno en los pasados meses, participaron en las protestas de cacerolazos en los siguientes dos días luego de las elecciones.

La oposición se niega a reconocer su derrota, al Capriles solicitar un recuento de los votos. A pesar de insinuar que el gobierno participó en un fraude, Capriles nunca presentó formalmente una protesta ante la autoridad electoral del país, ni citó evidencia para respaldar sus alegaciones.

No obstante, la retórica Capriles, junto a su llamado a partidarios para protestar los resultados, desencadenó una noche de disturbios tras las elecciones, dirigido específicamente a las oficinas del PSUV y los centros de salud del gobierno para los pobres.

Maduro y otras personas líderes y portavoces del gobierno, acusaron a la oposición por tratar de fomentar un golpe de estado, pero las fuerzas armadas permanecieron leales al gobierno. Las protestas de oposición terminaron durante la semana llevando a la inauguración de Maduro el 19 de abril, pero la escena permanecía tensa.

Una de las razones para la reducción progresiva de la protesta de la oposición fue la aceptación de Capriles el 18 de abril del (CNE) Plan Nacional del Consejo Electoral para una auditoría completa de los votos. Esto siguió una auditoría automática de una muestra del 53 por ciento de las urnas para verificar el recuento de votos entre la versión electrónica y en papel de los votos. El CNE tiene previsto auditar el 47 por ciento restante de las urnas en el mes de mayo.

A pesar de las afirmaciones infundadas de fraude de la oposición, el sistema electoral venezolano, bien probado en los últimos 14 años, ganó el respaldo del ex presidente de EE.UU. Jimmy Carter y el Centro Carter, por su transparencia y múltiples formas de verificación.

Las exigencias retóricas de Capriles para un recuento “voto por voto”, era imposible de cumplir para la CNE, toda vez que el sistema no está diseñado para proveer uno. Capriles tenía conocimiento de esto, sin embargo, continuó exigiendo lo imposible, sabiendo que  iba a poner en duda la elección entre sus seguidores y entre el público internacional que es aún más importante para él: la de Washington. Al final, sin embargo, hizo una reverencia a la realidad y aceptó la auditoría completa.

Al día de hoy, EE.UU. todavía no ha reconocido la victoria de Maduro. Testificando a comités congresionales, el Secretario de Estado John Kerry llamo a un recuento de los votos. “Obviamente, si hay inmensas irregularidades, vamos a tener serias preguntas sobre la viabilidad de ese gobierno”, dijo él.

Jay Carney, portavoz de la Casa Blanca, dijo: “Hacemos un llamado al Gobierno de Venezuela a respetar los derechos de los ciudadanos venezolanos a la libre expresión y a la reunión pacifica”—incluso mientras la oposición montaba protestas diarias que fuerzas armadas ignoraban grandemente.

La preocupación de Washington con procedimientos justos y adecuados en unas cerradas elecciones no se extendió a, por ejemplo, la elección presidencial de México en el 2006, en donde el candidato de derecha, Felipe Calderón, ganó sobre el populista Andrés Manuel López Obrador por un margen de solo un tercio del tamaño de la ventaja de Maduro sobre Capriles. A pesar de que  la agencia nacional de elecciones de México admitió que habían “irregularidades” en las sonadas elecciones, Washington precipitadamente reconoció el gobierno de Calderón.

Y eso es sin mencionar el hecho de que la Corte Suprema de los EE.UU., en su famosa decisión de 2000 Bush v. Gore, no mantuvo a Estados Unidos – o, más precisamente, sólo al estado de Florida – a la altura de un completo recuento!

Mientras que los EE.UU. aguarda su momento con el apoyo tácito para las alegaciones de la oposición, el gobierno de Venezuela, con Maduro como su presidente, ganó el respaldo de la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR) y el reconocimiento de la mayoría de los gobiernos del mundo. Incluso, el presidente de la gran pro-U.S.A Organización de los Estados Americanos dijo que la OEA “ofrece nuestro apoyo y desea lo mejor para el presidente electo” Maduro.

Durante la tarde de su inauguración, Maduro viajó a Perú para participar con personas regionales del estado en una reunión de UNASUR. Bajo el moderado “centro-izquierda” liderazgo de Brazil, UNASUR respaldó a Maduro. Pero también fomentó la auditoría completa de los votos, a pesar de que la ley de Venezuela no lo requería, de acuerdo con el Wall Street Journal.

¿Por qué estas elecciones fueron tan cerradas?

El resultado tan cerrado de la victoria de Maduro sobre Capriles—por un margen de 50.9 por ciento a 49.1 por ciento—sorprendió a todos los observadores políticos de Venezuela. En la elección presidencial de octubre pasado, solo año y medio atrás, Chávez derrotó a Capriles por un 55 por ciento a 44 por ciento, para un margen de 1.6 millones de votos. Esta vez, la oposición subió en 700,000 votos más que lo que recibió en el 2012.

La pregunta es: ¿por qué estas elecciones fueron tan cerradas? Ciertamente, las circunstancias extraordinarias en las cuales sucedieron—unas elecciones especiales llamadas a completar el término del presidente, a un poco más de un mes, luego de la muerte de Chávez—inyectaron una volatilidad y una imprevisibilidad a la carrera.

El poco tiempo de campaña forzó que el mensaje fuese uno agresivo y directo. Aquí, Capriles, quien acababa de terminar una campaña presidencial, tenía la ventaja sobre Maduro. Por otra parte, las erráticas apariciones públicas de Maduro, incluyendo un confuso discurso en el que describe una visión de Chávez que se le apareció en la forma de un pájaro, fueron alimento de ataques para la oposición.

Es más, Maduro basó su campaña en el legado de Chávez, cargando la “Revolución Bolivariana” hacia adelante, pero hizo poco para decir lo que eso significaría para venezolanos ordinarios. Así que, mientras la campaña de Maduro parecía descansar en abstracciones, Capriles diseñó una campaña alrededor de los problemas reales que enfrenta la sociedad venezolana.

El secto de izquierda del movimiento Chavista se está organizando para impulsar un programa que abordará estas cuestiones. El 2 de abril, activistas de Marea Socialista se unieron con intelectuales prominentes y demás activistas para lanzar Patria Socialista, no solamente para apoyar la campaña de Maduro, sino para presionar al gobierno a moverse más hacia la izquierda.

Como dijo Martín Sánchez:

El cerrado resultado de la elección abrió un sinnúmero de posibilidades para el movimiento de base—para las personas que dijeron que no podemos simplemente continuar con lo que estaba haciendo Chávez. La campaña de Maduro hablaba sobre profundizar la revolución en términos abstractos. Pero lo que realmente necesitamos hacer es abordar el impacto de la escasez de alimentos y los cortes de energía. Son situaciones del día a día de las personas. Incluso, Capriles corrió a la izquierda de Maduro sobre estas cuestiones y prometió deshacerse de la corrupción.

Eso fue solo un ejemplo de la forma cambiante de Capriles durante la campaña. A pesar de que los orígenes políticos de Capriles descansan en el ala “golpista” de la clase dominante, la cual apoyó el golpe de estado fallido del 2002 contra Chávez, en discursos de campaña, él dijo ser “Bolivariano”. El experto en Latino América, Greg Grandin, describió este movimiento en el periódico La Nación como “un acto que solo unos pocos años antes hubiese sido tan impensable como si Dick Cheney se declarara a sí mismo como miembro de Code Pink (organización de mujeres por la paz).”

En efecto, Capriles se comprometió a continuar y mejorar la administración del gobierno de Chávez sobre “misiones”—programas de ayudas y subsidios para vivienda para los pobres financiados por riquezas de petróleo, alimentos y atención medica. Prometió aumentar los salarios y pensiones. Tomando otro ejemplo del Chavismo, Capriles nombró a su cuartel general de campaña el “Centro Simón Bolívar”, por el líder de la independencia de América Latina del siglo 19.

En cierto sentido, las volteretas ideológicas de Capriles son un testamento de los cambios que trajeron al país los 14 años del gobierno de Chávez. Los partidarios más incondicionales de Capriles y del MUD son los fuertes neoliberales de derecha—desde la clase dominante de Venezuela, con segundas casas en Miami, hasta la página editorial del Wall Street Journal. Sin embargo, el candidato neoliberal creyó que solo podía obtener viabilidad electoral si se escondía tras las promesas para continuar el programa político que gobierno identifica como el “socialismo del siglo 21”.

Problemas fundamentales sin resolverse

Pero uno no puede explicarse completamente el cambio hacia Capriles, sin abordar más los problemas sociales y económicos fundamentales que el proyecto Chavista no ha sido capaz de resolver.

El alta tasa de la inflación del país, acelerado por la decisión del gobierno a principios de este año para devaluar la moneda, le ha dado duro a las personas ordinarias. La especulación desenfrenada en dólares y la sobrefacturación por importadores forzó la mano del gobierno. Si bien la devaluación debería disminuir los pagos de la deuda pública y aumentar la producción nacional para la exportación, los precios de los alimentos básicos de la leche y el aceite de cocina se dispararon, y los salarios reales cayeron en más de un 40 por ciento.

Al mismo tiempo, millones de venezolanos han tenido que lidiar con la escasez de artículos de uso diario como papel higiénico y suministros de energía confiables, las cuales causan apagones repetidos en algunas partes del país. La primera se debe a problemas no resueltos en los tipos de cambio de las mercancías importadas, según Mark Weisbrot, del Centro para la Investigación Económica y Política. Los cortes de energía son el resultado de la falta de inversión en infraestructura, mientras que la demanda de electricidad se ha incrementado.

Nada de esto debe ignorar el impresionante progreso de los años de Chávez. Por ejemplo, a pesar de que la inflación es elevada, es la mitad de lo que era durante los gobiernos anteriores a Chávez. El porcentaje de la población que vive en la pobreza se ha reducido a la mitad, y el número de graduados universitarios casi se ha quintuplicado, según el Banco de Venezuela.

El hambre, que históricamente ha sido un problema crónico para los pobres del país, ha sido virtualmente eliminado. En contraste con la era pre-Chavista, el ingreso per cápita ha crecido a más de 2.5 por ciento por año. Todo esto no tiene precedentes en la región (y quizás en el mundo) en la era neoliberal.

Sin embargo, este progreso social no ha cambiado el hecho de que Venezuela sigue siendo un Estado rentista de petroquímica, con la necesidad de ampliar su capacidad industrial interna. El economista Víctor Álvarez, ex ministro de Industrias Básicas y Minería, escribió un libro analizando la economía de Venezuela bajo Chávez, que destaca las formas en que el dominio de la industria del petróleo y el sector financiero han hecho que la manufactura y la agricultura de recursos se mueran de hambre.

En un seminario celebrado recientemente, Álvarez, quien ahora trabaja con el gobierno como parte de un grupo de expertos en el Centro Internacional Miranda, dijo que en Venezuela “las características de la economía rentista se han vuelto más arraigadas. Y ahí es que vemos un conflicto con el anticapitalista, antiimperialista y el marco legal para promover modelos comunitarios. La economía se ha vuelto más capitalista”.

Añadió: “Las importaciones industriales y de agricultura han aumentado. Se habla sobre soberanía productiva, pero eso significa impulsar la agricultura, la cual en la actualidad solo es 4.5 por ciento del producto interno bruto, y al menos debe proveer un 12 por ciento si vamos a dejar de comprar del resto del mundo.”

Algunas consecuencias que vemos son: una gran cantidad de dinero proveniente del petróleo dando vueltas, inflación, un gobieno esparcido y la corrupción del sector privado. Por esto, muchas interacciones de ciudadanos con el gobierno son de frustración y el servicio público básico nunca llega. Antes de que muriera, el mismo Chávez señaló y llamo a la atención a los problemas sobre la ineficiencia de la burocracia del gobierno.

Añadido a los otros problemas sociales, como lo son los altos incidentes de crimen, la situación económica presentó una variedad de controversias, las cuales la derecha podría explotar, especialmente ya que había pensado atraer secciones de la clase media que anteriormente votaron por Chávez.

Retos 

El Nuevo gobierno de Maduro tiene muchos desafíos en sus manos mientras asume su nuevo término. Tiene que atender problemas sociales, los cuales la oposición capitalizó, mientras continua el proyecto Chavista que ha mejorado el sector de los pobres. Tiene que tratar de mover la economía hacia la diversificación cuando todas la presiones están dirigidas a expandir la base petroquímica. Y se tiene que hacer todo esto en un periodo cuando la oposición envalentonada, con amigos en altos lugares, no tienen incentivos para ayudar a lograr estos planes.

No está claro en qué dirección se dirigirá el gobierno de Maduro. Las principales posiciones de poder en su gabinete han ido a figuras de status quo, quienes eran cercanos a Chávez. Sin embargo, algunos izquierdistas han obtenido importantes puestos, como el sociólogo Reinaldo Iturriza quien fue nombrado como ministro para las Comunas y Protección Social, el programa local del auto gobierno de Chávez.  También Andreina Tarazon, de 28 años, que fue designada como ministra para la Mujer e Igualdad de Género.

Por su parte, socialistas de bases luchadoras en Venezuela entienden los límites de un gobierno que proclama el “socialismo del siglo 21” como una meta, mientras coexisten en una economía mixta con intereses económicos poderosos que se oponen a esa meta.

Para lograr esta tarea, es crucial construir un movimiento obrero fuerte. Aunque la mayoría de los sindicatos se separaron de los corruptos, federación sindical dominada por el gobierno hace más de una década, nunca fueron capaces de formar un movimiento de unión unificado y efectivo, a pesar del éxito de la organización local en el sector privado y unos experimentos importantes en el control de los trabajadores en varias empresas que pertenecen al gobierno.

Lo que Gonzalo Gómez, uno de los líderes de Marea Socialista y parte de la iniciativa Patria Socialista, dijo en el pasado mes de octubre a raíz de la última victoria de Chávez, sigue siendo cierto.

Nosotros insistimos cada vez más en la necesidad de una izquierda radical en el proceso revolucionario. Mientras el gobierno recientemente habló de la necesidad para una “derecha responsable” con el cual sea posible tener un diálogo, nosotros—y una gran parte de los activistas radicales—creemos que lo que es necesario es una izquierda revolucionaria consistente capaz de trabajar para un cambio de dirección.

Debe ser una fuerza capaz de guiar la implementación de las políticas que completarán el rompimiento del capitalismo, que nos permita llegar más allá del esquema de la “economía mixta”  y facilitar la transición al socialismo. La construcción de una nueva sociedad se ha vuelta más lenta gracias a la burocracia, lo que ha ocasionado que se retrase la solución de problemas tanto urgentes como estructurales.

El desarrollo más importante de Venezuela en la última década ha sido el florecimiento de bases activistas en los centros de trabajo, barrios y en los suburbios. En muchas ocasiones, estos movimientos han chocado cabezas con representantes de “sus” gobiernos. Como en el 2002 “el paro patronal”, cuando los trabajadores se hicieron cargo de la gestión de la industria petrolera y derrotaron un débil golpe de estado, el activismo desde abajo puede ayudar a renovar un proyecto que hoy muestra signos de desgaste.

Lee Sustar contibuyó con el artículo, originalmente publicado por www.SocialistWorker.org. Traducción por Sixto López para www.SocialismoInternacional.org

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