Socialismo Internacional

Periódico de la Organización Socialista Internacional

Un sistema que culpa a la mujer

Posted by Socialismo Internacional en julio 17, 2013

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En el caso de Keyshla Maya en la opinión pública se cuestionaba porqué ella fue al río con un hombre de 54 años. El entre líneas era que de alguna forma se buscó ser atacada.

A la luz de la publicación de un artículo en el periódico de Claridad, titulado El giro a la nalga cultura por Angie Vázquez, en Socialismo Internacional decidimos escribir esta respuesta ante lo que creemos es una visión equivocada, y problemática, sobre el problema del sexismo y el machismo en nuestra sociedad. Una visión que culpa y señala a la mujer como la persona que provoca de forma “gratuita y voluntaria” los ataques sexistas y machistas en su contra.

Cuestionamos la decisión del periódico de Claridad de publicar este escrito, que se subió con una foto que reproduce las imágenes sexistas que nos saturan e invaden a diario.

Alma Torres reacciona ante este escrito y explica porque debemos enfilar nuestros cañones contra un sistema que promueve la idea de que las víctimas de un ataque sexual o violento se buscan ser atacadas.

Quienes luchamos por un mundo distinto tenemos que combatir de la forma más férrea todas las expresiones sexistas, machistas y racistas que dividen y afectan la calidad de vida de la clase trabajadora. Eso significa que rechazamos y nos organizamos contra todas esas expresiones así se den contra personas de la clase en poder. En la OSI publicamos un comunicado y preparamos actividades de discusión cuando se hizo un juicio social homofóbico en contra de uno de los enemigos de la clase trabajadora y de los estudiantes de la UPR, Roberto Arango. Esas expresiones, en sus diversas manifestaciones, solo benefician a la clase dominante y al sistema que debería ser señalado como la principal raíz del problema.

Hoy nos tomamos el tiempo para escribir en reacción al artículo que se publicó en Claridad y que entendemos fomenta, con descargas machistas y moralistas, una perspectiva equivocada de cómo ver la opresión de la mujer y qué políticas nos deben guiar para terminar con ella.

El argumento de Angie Vázquez, la autora del artículo, es que luego de tanto luchar y de desarrollarse movimientos por los derechos de la mujer, al final nos hemos ahogado en la orilla porque nosotras mismas aceptamos de forma “voluntaria y gratuita” que nos humillen, que nos violen y que esa opresión por género se mantenga como normal en nuestra sociedad.

Picture 1Esto se expresa en el propio título del escrito y la foto que adjuntaron para seguramente llamar la atención del lector. Lo que hay entre líneas detrás del título, El giro a la nalga cultura, es la idea de que la cultura ya no es solo sexista sino que ahora es una cultura en donde la mujer da sus nalgas para someterse a ese sexismo. La foto está ahí para reforzar el título, con una breve descripción que lee “Del viejo feminismo y sus luchas hemos girado a la nalga-cultura; una filosofía hedonista que subyuga a la mujer tratándole, y dejándose tratar, como perra”. Con esto nada más, Vázquez asegura que ahora nuestra (la de las mujeres) filosofía es la de suprimir el dolor (entiéndase nuestra opresión) con el placer (entiéndase el placer sexual).

Aquí hay varios problemas graves. Algo que se repite de forma constante en el escrito es que se describe la lucha de los 60 y 70 del movimiento por la liberación de la mujer como uno que terminó con la opresión de la mujer. Eso nos deja ver la visión de feminismo que tiene la autora, uno que se limita a la inclusión de la mujer en la política pública y derechos en el centro de trabajo:

Movimientos de lucha social para la reivindicación de la mujer fueron trabajados por siglos hasta llegar al XX donde finalmente se lograron importantes cambios que impactaron positivamente nuestra sociedad en asuntos como el sufragio femenino, derechos laborales, leyes contra la discriminación, acoso y abuso sexual, derechos de maternidad, educación y el desarrollo como personas.

Sin duda estas reivindicaciones son de gran importancia. Pero no fueron y no han sido suficiente para terminar con la opresión de la mujer hoy, en Puerto Rico y en el mundo entero.

El sexismo sigue rampante, la desigualdad salarial todavía es una realidad, la política pública sigue estando dominada por un pensamiento machista y sexista y la mujer sigue siendo, en su gran mayoría, la que carga socialmente con la crianza de los hijos y el cuidado del hogar.

La opresión en su manifestación más terrible se refleja en la violencia y los asaltos sexuales contra la mujer. 1 de cada 4 mujeres será victima de violencia domestica y 1 de cada 5 mujeres será violada en algún momento en su vida. Las estadísticas no son alentadoras, y cualquiera que ha estado en un grupo de 5 mujeres y ha hecho la pregunta sabe que esos números no mienten.

En uno de los primeros párrafos la autora describe la lucha por la liberación de la mujer como un antes y después a lo que vivimos hoy:

 Por siglos, fuimos cualquier “cosa” menos un ser con derechos y valor propio. Éramos “cosas” porque la percepción social generalizada nos definía como objetos, instrumentos, adornos o estorbos. Esclavizadas, abusadas, violadas, humilladas, asesinadas…

Al final de su escrito vuelve y se reafirma:

¡Qué dirían tantas mujeres violadas y asesinadas del pasado si pudieran ver esta “modita”! ¡Qué duro es reconocer que el machismo sobrevive y se disfraza con el nuevo vestido del perreo proclamándose vencedor sobre la mujer del nuevo milenio manteniéndola como objeto-muñeca, pero ahora gratuita y voluntaria!

Parecería por lo que describe Vázquez que eso que pasaba antes ya no es la norma en nuestra sociedad. Que el machismo en algún momento había dejado de existir.

Nos obliga a preguntar. ¿En que parte del mundo todavía no ocurren esas cosas?

Hace unos días más de 180 mujeres fueron sexualmente asaltadas en manifestaciones en Egipto. En Puerto Rico violan y asesinan decenas de mujeres todos los años. La política sigue siendo predominantemente machista y controlada por hombres y mujeres de clase alta. Todavía la publicidad nos utiliza para vender su Sprite mientras le hacemos sexo oral a un chico en el carro.

Recientemente en el estado de Texas se aprobó una de las leyes más restrictivas en todo Estados Unidos en contra del aborto. La ley prohíbe tener un aborto luego de 20 semanas de gestación. La ley también obliga a las clínicas a contar con quirófanos y estar a 40 kilómetros de un hospital. De las 42 clínicas de terminación de embarazo que existen en Texas solo 5 cumplen con las obligaciones que impone la ley.

Los derechos reproductivos de la mujer están constantemente bajo ataque. Lo que hay detrás de esto es una agenda clara por parte del estado que nos quiere recordar que no podemos decidir libremente sobre nuestros cuerpos. Nuestros cuerpos siguen, de forma social, estando a la merced del mercado y su publicidad, de las leyes y del machismo. Y claro, parte del problema social es la adaptación de algunas mujeres a esa realidad. Son contradicciones provocadas por el mismo sistema en el que vivimos.

El valor de la mujer en esta sociedad se mide por su atractivo sexual y esa realidad no ha cambiado, al contrario se ha reforzado. Revistas como Cosmopolitan y tiendas como Victoria’s Secret definen lo que es “sexy” en nuestra sociedad.

En nuestra sociedad a través de la música y el baile también se manifiesta esa presión social a la que nos exponen. La autora del escrito al que hacemos referencia enmarca su argumento precisamente en contra de las jóvenes que bailan el famoso “perreo” y que al hacerlo reproducen ese rol dictado por la misma sociedad.

Tras siglos de lucha por eliminar el abuso sexual de la mujer, ahora resulta que ellas voluntariamente se colocan de espaldas al hombre para mover sus caderas sobre sus genitales bailando un perreo de moda que les coloca como tal bajo el registro visual y táctil del varón. Las candenciosas bailadoras eróticas, muchas aún sin pleno desarrollo púbero, alegan que es su voluntad sin comprender las formas sutiles en que la presión social las lleva a doblegarse públicamente como objetos sexuales.

La autora por primera vez en su texto reconoce que la presión social empuja a las mujeres a ser objetos sexuales. Pero este detalle lo menciona de forma superficial, como un comentario poco importante, para demostrar lo ingenuas que, en opinión de ella, pueden ser estas jóvenes.  En vez de problematizar sobre la sociedad, que según ella misma reconoce, fomenta la presión social necesaria para que mujeres y hombres nos comportemos de cierta forma, ella pone sus cañones contra estas jóvenes y le quita cualquier culpa que podría tener el sistema y la sociedad sexista.

Cuando miro los vídeos en la Internet de escolares perreando no puedo dejar de evocar imágenes de mujeres que públicamente fueron violadas por amos, capataces y dueños de tierras sin que el hombre tuviera que responder por sus acciones. Que me perdonen las jóvenes que perrean pero ese referente histórico asalta mi mente y no me parece entretenido jugar con fuego para luego lamentarse de ser víctima sexual.

Pausa, respiro profundo. Mucho coraje me da leer esto de una mujer. Pero luego recuerdo que vivimos en una sociedad que fomenta esas mismas contradicciones, las mismas que Vázquez señala pero de las cuales ella evidentemente no escapa. Así llega a concluir que la opresión, en su forma más asquerosa (la violación y el abuso sexual) se justifica.

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Padres de Jorge Steven

Bajo esa misma premisa se ha justificado históricamente las violaciones y abusos contra otros sectores marginados como es el caso de miembros de la comunidad LGBT. En el 2009 el joven Jorge Steven López Mercado murió asesinado y decapitado por otro hombre. En la prensa el tema de su asesinato giró en torno a sugerir que el chico se prostituía y que de alguna forma se buscó que lo mataran.

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Los abusos sexuales contra la mujer, o contra cualquier persona de otro género o preferencia sexual, deben ser inaceptables. Nada justifica que te violen. Nada justifica que sin tu consentimiento te toquen con malicia. Aunque la consigna dice “No significa No”, algunas violaciones y ataques sexuales se dan incluso cuando las victimas están inconscientes y no pueden escapar de la situación.

En el 2011 un caso espantoso que salió a la luz pública fue el de una chica de 16 años que fue violada por un grupo de jóvenes futbolistas en una fiesta. El caso sucedió en la ciudad de Steubenville en el estado de Ohio, en Estados Unidos. La joven fue violada y asquerosamente maltratada siendo orinada por los jóvenes. La violación se dio con la chica borracha e inconsciente. Eso se prestó para argumentar que de alguna forma la joven se había buscado ser abusada por ponerse en una situación complicada. Lo que permitió que se encontrara culpables a dos de los jóvenes que participaron de la violación fue un video que circuló el grupo Anonymous que mostraba a los jóvenes burlándose y describiendo lo que le hicieron a la joven.

Las violaciones y el abuso sexual a la mujer son cosa seria y no me parece “entretenido” argumentar que de alguna forma las mujeres o cualquier otro sector oprimido se busca los ataques en su contra.

Si las feministas y socialistas asumimos que la raíz del problema de la opresión de la mujer es culpa de la mujer, nunca podremos cambiar nuestras vidas y el fin de nuestra opresión estará cada vez más lejos de nuestra realidad. Por eso tenemos que combatir la idea detrás de lo que plantea el escrito de Vázquez y todos los  momentos en que esa idea se manifiesta en nuestra sociedad de diversas formas. El sistema busca que nos culpemos, que nos torturemos mentalmente pensando que quizás nos buscamos ser atacadas.

En Puerto Rico, hace dos años conocimos sobre el caso de Keyshla Maya Figueroa, una joven negra de clase trabajadora que se defendió con una piedra ante una violación causando la muerte de un hombre de 54 años. Keyshla fue metida casi al instante en la cárcel de las mujeres de Vega Alta, siendo una menor de 17 años.

Trataron de acusarla de asesinato en primer grado y por violación a la ley de armas, para su libertad le impusieron una fianza de $100,000 dólares.

Días más tarde, la prensa publicó que la joven había sido violada a los 15 años y nunca se proceso al culpable, así como tampoco se le brindó ayuda psicológica a la joven, incluso se le culpo a ella y a su familia por ser “negligentes” en las gestiones de buscar ayuda.

La fiscal que llevaba el caso en contra de Keyshla, argumentó que no habían los elementos necesarios para un delito de agresión sexual, ni siquiera la tentativa. Además, cuestionó porqué Keyshla se había ido al río con el hombre, tratando de plantear que de alguna forma ella se lo buscó. Ante la pregunta de si el caso pudiera caer bajo “actos lascivos” dijo “pudiera ser”, con cara de incrédula. Además, la fiscal se atrevió a sugerir alternativas que pudo haber tomado Keyshla ante la posible violación como “correr y pedir ayuda”.

Luego de varios meses el caso de Keyshla fue movido al Tribunal de Menores y los cargos cambiaron a asesinato en segundo grado. Keyshla tuvo que ser recluida en el Hospital Panamericano por una crisis emocional que sufrió. Así como Keyshla hay muchas jóvenes y mujeres que ante una violación se defienden y de todas formas pasan al escrutinio público de la sociedad. Un sistema que culpa a la que se defiende y en el proceso se lava las manos y se libra de toda culpa.

Si queremos terminar con la opresión de la mujer tenemos que comenzar por señalar al sistema culpable de su opresión. Hay que levantar conciencia de género, entre mujeres y hombres, eso implica sí hacer las leyes inclusivas, darle apertura a la diversidad sexual, no moralizar sobre el sexo entre jóvenes o adultos, la educación sexual tiene que ser una prioridad. Pero sobre todo, el mensaje tiene que ser de rechazo a todas las formas y maneras en que se trate de justificar la opresión. Así vengan del estado, de la iglesia  o de un periódico de izquierda.

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