Socialismo Internacional

Periódico de la Organización Socialista Internacional

Racismo-clasismo y el sistema de injusticia criminal

Posted by Socialismo Internacional en agosto 3, 2013

Editorial

Contra el racismo_OSILa xenofobia y el racismo en Puerto Rico sufrieron una breve pero importante derrota cuando un jurado encontró no culpable a Aida de los Santos, la mujer dominicana acusada de asesinar a Georgina Ortiz Ortiz, esposa del ex juez de Tribunal Supremo, Carlos Irizarry Yunqué.

La acusación por parte de la fiscalía del Tribunal de San Juan fue demostrando cada vez más la profunda carga racista, clasista y discriminatoria del sistema de injusticia del país.

Al mismo tiempo, el trato de la prensa evidenció la terrible normalización de la violencia discriminatoria en la isla.

Aida de los Santos era una trabajadora doméstica indocumentada, quien durante un tiempo trabajó para la familia del ex juez Irizarry Yunqué. Como muchas otras personas de la comunidad inmigrante, De los Santos emigró a la isla en busca de un mejor futuro para ella y los suyos.

Sistema de injusticia criminal

Durante el juicio, los abogados de la defensa evidenciaron en repetidas ocasiones cómo los investigadores criminales no siguieron ninguno de sus protocolos adecuadamente, aparentemente por tratarse de un caso en el que se involucraba a una familia de la clase alta del país.

En ningún momento el ex juez fue considerado posible acusado. Su automóvil fue revisado casi dos años después del asesinato, y diversos testigos y fotografías se contradicen al señalar y no señalar sangre en alguna de sus ropas.

La investigación fue tan claramente amañada para no involucrar al ex juez que todavía no se ha investigado con relación al asesinato, por qué el juez hacía averiguaciones sobre su esposa a través de un detective privado meses antes, o por qué su hija y nieta también investigaban a Georgina Ortiz Ortiz por su cuenta, visitando parientes de la asesinada.

Los primeros policías que llegaron a la escena testificaron haber notado la “escena cambiada.” El cuchillo de la escena y de las fotografías del juicio no eran los mismos. Y la primera versión del juez a sus vecinos fue que su esposa se había suicidado.

Ninguna de estas interrogantes fueron suficientes para que los fiscales del caso desarrollaran otras teorías. Por el contrario, el racismo y odio a los inmigrantes terminó imponiéndose, involucrando a esta trabajadora inmigrante desde el inicio.

Un proceso contra Aida de los Santos

A penas dos meses después del asesinato, Aida de los Santos se convirtió en testigo de la fiscalía, por lo cual había estado en el albergue de testigos. Allí fue atacada en un incidente tampoco investigado. Y mientras la policía decía que fue, irónicamente, un “intento de suicidio”, ella le aseguraba a sus familiares que habían intentado matarla.

Debemos suponer que esta es la razón por la cual De los Santos sale del país en enero de 2011, como intento de proteger su vida frente a la cooperación en su contra de todo el aparato judicial y policiaco del país.

La acusación contra De los Santos se dio mientras ella estaba viviendo en la República Dominicana, en ausencia, como una forma fácil, discriminatoria y viciosa de despachar toda una telaraña de mentiras que evidentemente apuntan al ex juez y esposo Carlos Irizarry Yunqué.

Lo forma más cómoda y burda de resolver un caso de esta envergadura para la clase dominante del país es acusar a una mujer extranjera, negra y de bajos recursos de un asesinato mientras esta se encuentra fuera del país.

Aida de los Santos pudo haberse escondido. Pudo haber buscado refugio hasta su muerte, en casa de familiares, en huidas y desencuentros con la justicia para evitar enfrentar un juicio que se preveía injusto. Sin embargo, convencida de su inocencia, De los Santos regresó a la isla y nos aseguró a todos y todas que “quien nada debe nada teme,” peculiar frase que repitió también a su salida de la cárcel.

Racismo y xenofobia en Puerto Rico

El racismo no solo vino de los tribunales y fiscales. La prensa del país se inclinó a cubrir el juicio bajo el lema del “caso de la mucama,” una referencia deshumanizante que tiene el efecto claro de no generar simpatía entre lectores, televidentes o radio escuchas y la acusada Aida de los Santos.

Solo muy al final del caso, y ante una presión pública en aumento, producto de la movilización y visibilidad de la comunidad dominicana y sus aliados, la prensa comenzó a usar un poco más su nombre propio.

Vale recordar que Mucama es sinónimo de criada, sirvienta o empleada doméstica, en clara referencia a una profesión que nació de las desiguales relaciones sociales y económica en las sociedades esclavistas, tornadas capitalistas hace unos siglos. La palabra Mukama proviene del idioma quimbundo, de habla en el país africano de Ángola, y originalmente significaba “esclava que es amante de su señor.”

El día posterior a la sentencia de no culpabilidad, el periódico El Nuevo Día publicó una portada bajo el interesante título de “Sin Justicia,” destacando la cara de la asesinada y relegando a un recuadro pequeño la foto de De los Santos. En la línea dominante del artículo principal se alega que fue la “prisa” la que dejó sin esclarecer el asesinato de Georgina Ortiz Ortiz.

El acercamiento puede parecer lógico:

La decisión de acusar, a pesar que el caso aún no estaba del todo maduro, se debió a las presiones políticas y públicas que enfrentaba entonces el Departamento de Justicia y su secretario Guillermo Somoza por el pobre esclarecimiento de asesinatos, principalmente los de alto interés público.

Estamos de acuerdo, con una pequeña aclaración importante sobre el contexto: cuando se quieren resolver con rapidez “casos de alto interés público” siempre terminan pagando los pobres del país. ¿Y si eres negro o negra? ¿Y si eres mujer? ¿Y si eres inmigrante dominicano/a?

Recordemos, por ejemplo, la decisión de la jueza Nersvel Durán en el caso de Franchesca Duarte, joven dominicana que perdió sus piernas al ser atropellada intencionalmente por su excompañero, Jorge Ramos. La jueza solo encontró culpable al agresor de un delito menos grave de lesión negligente y no de agresión agravada en donde pesaba el agravante de planificación e intención.

La presidenta del Centro para la Mujer Dominicana en Puerto Rico, Romelinda Grullón, aseguró en la prensa que “la decisión muestra xenofobia y discriminación, y estuvo condicionada por ser dominicana… si ella hubiera sido puertorriqueña y él dominicano hubiera sido diferente, el veredicto hubiera sido diferente.”

El cuadro es uno claro para nosotros y nosotras: quienes fueron a juicio en este caso fueron el racismo y el discrimen diario contra la comunidad dominicana en Puerto Rico y el resto de los pobres que vivimos en la isla, y al menos por un instante, éstos tuvieron una derrota.

Para la comunidad dominicana que se movilizó en este caso, el clasismo estuvo bien claro desde el inicio. Tras la decisión del jurado, en los pasillos del tribunal, se produjo un intercambio entre palabras y gritos en la cual una persona insistía en la culpabilidad de Aida de los Santos. Un hombre dominicano le gritó con mucha claridad y rabia “claro, porque no es rica, porque no tiene chavos, porque no tiene dinero… y el juez dónde está… la justicia es buena, aunque la manejen mal.”

Tampoco debemos engañarnos. Aida de los Santos también contó con recursos extraordinarios a los cuales muchos otros acusados y acusadas no tendrán acceso nunca. Precisamente por haber sido un caso de alto interés, De los Santos tuvo varios abogados. Su equipo de defensa pudo contratar a peritos expertos que con certeza pudieron desmontar argumentos claves de la fiscalía. De no haber sido así, hoy De los Santos pudiera estar presa, y quizás este editorial ni se hubiese escrito.

Son posiblemente decenas los presos dominicanos, o negros puertorriqueños y puertorriqueñas, que hoy se pudren en nuestras cárceles por no haber tenido los recursos suficientes, por parecerse a alguien, o por el delito grave de “querer resolver casos” para mejorar las estadísticas.

Precisamente por esos pobres, por esas personas que trabajan y que a diario se fajan, por nosotros todos, los que nos involucramos en la defensa de Aida de los Santos debemos seguir movilizados contra el racismo y su violencia; contra el racismo y su sistema de injusticia criminal; contra la sociedad de clases que genera todo tipo de desigualdades y discrímenes.

La semilla para generar ese movimiento y esa conciencia estuvo en las vigilias, se mojó bajo la lluvia y lloró cuando se supo la decisión. Y esa es la fuerza y la rabia que debemos organizar.

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