Socialismo Internacional

Periódico de la Organización Socialista Internacional

De cuando el barrio entró a la UPR

Posted by Socialismo Internacional en octubre 26, 2013

Comentario sobre los incidentes entre estudiantes y ‘guardias’ de Capitol Security en el paro de 48 de diciembre de 2010.

996626_1Giovanni Roberto redactó esta reflexión para la revista SARGASSO en una de las dos publicaciones que lanzó este año. La misma se titula Public Education: Crisis and Dialogue at the University of Puerto Rico.

Desde el final de la primera huelga en junio de 2010, sabíamos que otro conflicto similar se avecinaba. Se trataba de la crónica de una huelga anunciada en el que ambos bandos—gobierno y administración universitaria, y estudiantes—se prepararon e intentaron ganar terreno durante meses.

Fue un tiempo duro de campaña ideológica e intimidación, en la que se combinaron el miedo a la pérdida de la acreditación de la Middle State Commission of Higher Education y el terrible terror a que una nueva paralización estudiantil provocara una maniobra de cierre administrativo que llevara a la privatización de la UPR. Toda una telaraña de falsedades que demasiadas personas se tragaron con facilidad.

Lo que sucedió entrando a diciembre de 2010—la eliminación de todos los portones del Recinto de Río Piedras y recurrir a contratar jóvenes pobres que agredieran y se pelearan con los estudiantes en paro—demostró mejor que nada que toda esa construcción había sido mentiras. Demostró, sin lugar a dudas, que el gobierno se lo jugaba todo para ponerle freno a la consistente y valiente movilización del estudiantado. Y que su estrategia era evitar el paro y la negociación a toda costa, no como decían algunos, que esperaban una huelga estudiantil para cerrar la universidad y venderla al mejor postor.

A los jóvenes que contrataron le ofrecieron $10 dólares la hora, en una isla con más de 16% de desempleo oficial y donde muchos salarios no sobrepasan el mínimo federal de $7.25 la hora. Usaron, según confidencias de los mismo jóvenes, a personal de la Oficina de Asuntos de la Juventud del Municipio de Loíza, uno de los pueblos más pobres y negros de la isla.  

Cuando los vi en la UPR la noche del 5 de diciembre de 2010, lo que me sorprendió fue que todos eran jóvenes y que la mayoría eran hombres negros. La composición social no había que adivinarla, eran tod@s pobres. Pero la composición racial me hizo un nudo de repulsión en los puños. Soy algo sensitivo, podría decir, a la cuestiones raciales y al racismo, sobre todo por las experiencias vividas en España en los más de 2 años que viví allá.

Desde que regresé, he visto mejor de lo que lo hacía antes, la expresión del racismo y la relación entre el color de piel de algunos pueblos y la pobreza y marginación en la que viven. Ahora toda esta realidad social se personificaba allí, con camisa negra y pantalón oscuro, mientras en letras amarillas grandes podía leerse SECURITY. Irónicamente, nos visitaba ese Puerto Rico que no llega a la UPR, pero no solamente por lo que cuesta. Los aparatos de exclusión son complejos y diversos y hay que buscarlos en muchas partes.

Le preguntamos de dónde eran. Hubo silencio, imaginamos que le habían dado instrucciones de no responder. “De dónde son”, volvimos a preguntar. Uno de ellos, que por la actitud supongo quería hacerse el más bravo, contestó con tono claro y rebuscado que “soy de Carolina.” Parecía el libreto de una mala película, en la que los personajes repiten clichés y frases construidas. El ‘chico malo de Carolina’, ‘los estudiantes luchadores’, ‘el Estado’ y ‘la Policía’ luego.

Seguimos preguntando. Fue un buen ejercicio y nuestra actitud no fue agredirlos, no estábamos molestos, en el fondo esperábamos que pasara algo así, que quitaran los portones o los soldaran. Había pasado días antes en el Recinto de Carolina.  Esperábamos toda la violencia del Estado porque ya la estábamos recibiendo en forma de propaganda e intimidación.

Poco a poco fueron llegando más personas. Nadie había discutido resistir, no se nos ocurrió, a la mayoría, enfrentarnos a la policía por los portones. Los status en Facebook comenzaron a dar la noticia. Los mensajes de textos eran cada vez más claros y agitativos. Decían algo así como que “están arrancando los portones, tod@s a la IUPI ahora!!!!!!!” Los residentes de Resi Campus regaron la noticia y fueron la base del primer contingente.

En el portón de Bellas Artes la interacción entre nosot@s l@s estudiantes y las personas contratadas por Capitol Security comenzó a tornarse más tensa. Había gente que quería evitar que quitaran los portones, y con mucha indignación gritaban; le gritaban a “esa gente.” Desde esa misma noche se comenzó a escuchar uno que otro comentario racista o clasista. “¿De dónde habrán sacado a estos matones?” o los más descarados “¿De qué barriada o caserío los habrán sacado”.

La suposición resultaba cierta, eran pobres de barrios, pero el señalamiento tenía una fuerte carga a discriminación. Se decía con despreció, se les gritaba a ell@s y a la policía que se fueran a dar seguridad a otro lado y a veces se escuchaba una mención al sitio, al caserío, a la barriada, al barrio, etc. Fue un momento de gran inconformidad para much@s pues esos comentarios venían de huelguistas o de personas que apoyaban la lucha estudiantil.

Algunos levantaban argumentos como esos para intentar marcar el carácter violento y descabellado de los jerarcas de la institución vis a vis el deseado carácter de centro docente pacífico de intelectuales y gente privilegiada. Era una idea a la cual much@s de l@s que participamos de la huelga no podemos adherirnos pues ese centro docente pacífico nunca ha existido. El recurso literario de la casa de estudio de Jaime Benítez regresaba escondido y renovado.

Somos muchos los que rechazamos la idea de la universidad como un mundo aparte, alejado del resto de las relaciones sociales, alejado de las clases sociales. Si para algunos la violencia pareció aflorar en la UPR con Capitol Security esos días de diciembre de 2010 es en realidad porque la violencia siempre ha estado ahí, y se hizo cuota de estabilización fiscal, se hizo piedra y escudo en momentos, y lleva haciéndose exclusión y marginación desde hace mucho.

La universidad es uno de esos espacios en la que la realidad social toda se mezcla de manera rara, compleja, y es al mismo tiempo otra cosa. Hay que valorar positivamente el paso de estos herman@s pobres hechos guardias en una noche porque nos recordó a tod@s que existe ese Puerto Rico, pero también y sobretodo que está montado sobre violencia.

Hubo una situación particular que me dolió y me hizo cambiar mentalmente de táctica la noche antes del mensaje la mañana del 8 de diciembre de 2010. Trabajé en el 2008 de maestro un semestre en el pueblo de Loíza, como mencionaba antes, el pueblo más negro y uno de los más pobres de Puerto Rico. Uno de los estudiantes de aquella escuela estaba allí, en el otro lado, de parte de la administración y el gobierno. Verlo en la televisión me descorazonó. Sentí rabia y tristeza, pero confieso que no supe cómo bregar. Esa noche dormí como tres horas, y me levanté todavía triste.

A mí no se me ocurrió que una de las cosas que había que hacer para vencer a “estos guardias” era hablarles. No. No fue una reacción que me naciera natural; los que me conocen saben que soy bastante callado y reservado y que pocas veces hablo de mi vida, de mi niñez o de mi familia. La idea le nació a Xiomara Caro, quien fue una de las portavoces principales de la segunda huelga. Durante la noche anterior conversamos sobre cómo abordar el asunto de los guardias y nuestra conversación nos llevó a hablar de lo que teníamos en común con estos jóvenes. También hablamos del amor y del odio como fuerzas vitales en las luchas, como energías poderosas en desarrollar la voluntad, la convicción y el compromiso para ser un actor social.

Picture 1

Giovanni  da mensaje a guardias de Capitol Security.

Todo eso se materializó en la propuesta de ir a hablarles a los guardias de Capitol Security. Aclaro: no fue ni la primera ni la última vez que se hizo ese ejercicio. De hecho, en algunos portones como los de la Facultad de Sociales, no solo hablaban sino que había una especie de coordinación entre los guardias y los estudiantes. La tregua era tal que nos permitió por esos dos días de paro hacer el teatro de la represión y de la resistencia al mismo tiempo.

Hay algo más profundo que debe ser comentado y que no cabe en este escrito. Me refiero a la configuración de las clases sociales y los mecanismo bajo los cuales la diferenciación de clase se perpetúa. Estoy convencido de que la educación ha sido y continúa siendo dos cosas contradictorias, por un lado, eje de movilidad social, por otro, una de esas estructuras de diferenciación social más importantes. Pero cada vez más, la educación ha perdido su utilidad como eje de alguna movilidad, y por el contrario, su función como reproductora de la estructura social está tendiendo a reforzarse, con el agravante de hacerlo en sus peores partes.

Por eso la lucha estudiantil en la UPR ha sido tan valiosa y debe, de algún modo, reorganizarse y continuar. El estudiantado logró detener con las huelgas una parte importante de la reproducción social. Al hacerlo, levantó una crítica que fue más allá de los portones de la universidad y que tuvo implicaciones para el resto del sostén ideológico del sistema. Al mismo tiempo, fue creando modelos de participación y poder desde las bases que, aunque imperfectos, le han mostrado al mundo que las cosas pueden ser diferentes.

El incidente con los guardias de Capitol fue importante y positivo, en mi opinión, porque nos permitió apuntar al sistema capitalista mismo, a la exclusión existente y que se esconde en la universidad y su apellido de pública, a la composición racial, de la que nadie habla, y a la necesidad de la unidad de l@s de abajo, desde una perspectiva de clase. Algo de eso comenzó a pasar después que se fueron ‘l@s guardias’ de Capitol tras el fin del paro de 48 horas. Algunos huelguistas hicieron contactos en barrios y comunidades y lograron conocer e interactuar con algunos de los jóvenes contratados aquellos días. Le rompimos la táctica de la represión y le abrimos espacio a la unidad. La relación con las comunidades no nació pero se estimuló cuando estos jóvenes entraron a la UPR en diciembre de 2010. El camino que nos queda sigue siendo el de construir una sociedad que garantice educación para tod@s. Y en esa lucha estamos.

*Giovanni Roberto ha estado vinculado a las luchas estudiantiles desde su ingreso a la UPR en el 2000. Ha formado parte de diversas huelgas y movilizaciones estudiantiles, tanto en Puerto Rico como en España. Fue portavoz del Comité Negociador Nacional durante la primera huelga y formó parte del Comité de Huelga en la segunda.

Anuncios

Sorry, the comment form is closed at this time.

 
A %d blogueros les gusta esto: