Socialismo Internacional

Periódico de la Organización Socialista Internacional

¡Que se sienta el poder de la obrera!

Posted by Socialismo Internacional en marzo 6, 2014

¡Tod@s a marchar el 8 de marzo!

despalilladoras

Despalilladoras en el taller de la Porto Rico American Tobbaco Company, Puerta de Tierra. 1912

La mujer en Puerto Rico compone gran parte del sector público de la clase trabajadora. Socialmente, se nos siguen imponiendo la carga de la crianza de los hijos en el hogar. Periódicos como el Caribbean Business siguen levantando su bandera capitalista para recordarnos que hay una crisis de partos, y que no están naciendo suficientes bebés en Puerto Rico, que las mujeres se tienen que poner a parir. El estado y la iglesia se confabulan para intentar controlar nuestros cuerpos y vidas. La violencia social afecta más a la mujer y es ella quien se empobrece más a raíz de la crisis del sistema económico.

Alma Torres argumenta que es en contextos como este en que uno tiene que mirar atrás y poder aprender de las luchas del pasado para generar cambio, desde abajo.

El origen del 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer Trabajadora, se remonta a la lucha de la  mujer en contra de la desigualdad social. En específico se desarrolla dentro del contexto de la lucha por el sufragio universal para este sector–lucha que se desarrolló en diferentes partes del mundo a finales del siglo 19 y principios del siglo 20

Muchos años antes, en el siglo 18, en el contexto del desarrollo de las ideas de la Ilustración, diferentes hombres y mujeres comenzaron a cuestionar la situación en la que vivía la mujer en una sociedad controlada principalmente por el género masculino.

Para finales del siglo 18 y comienzos del siglo 19, la mayoría de las mujeres no tenían acceso a una gran cantidad de empleos, tampoco teníamos acceso a una educación que nos permitiera tener los mismos conocimientos que los hombres de la sociedad. Por esta razón nuestro trabajo no era renumerado con igual paga y teníamos que aceptar peores condiciones de trabajo. Demasiadas mujeres de la clase trabajadora y pobre eran analfabetas, no sabían leer ni escribir. El negarnos el acceso a la educación era una forma de mantenernos oprimidas y dividas en un sector marginado de la sociedad.  Nuestro rol era destinado a la crianza de los niños, la educación cristiana y las tareas en el hogar.

A principios del siglo 20, la industrialización y el desarrollo del sistema capitalista obligó a un cambio radical en las formas de producción que empujó a la mujer a unirse a la fuerza laboral.

En Puerto Rico por ejemplo, miles de mujeres entraron a trabajar en diferentes industrias como la industria de la aguja, la producción de tabaco (las despalilladoras), el servicio de lavanderas y planchadoras de las familias ricas, entre otros.

María de Fátima Barceló Miller explica este proceso en su libro La lucha por el sufragio femenino en Puerto Rico 1896-1935:

El desarrollo del capitalismo como modo de producción dominante sirvió de agente catalítico para el ingreso de la mujer al mercado de trabajo asalariado, sobre todo como despalilladoras en la industria del tabaco. La incorporación de la mujer al trabajo asalariado fue masiva. La tasa de participación femenina aumentó de un porcentaje bajo de 9.9% en 1899 a un 26.1% en 1930, el más alto registrado en la historia de Puerto Rico hasta entonces.

En el caso de las despalilladoras del tabaco sus condiciones de empleo eran precarias, con sueldos miserables en condiciones de trabajo infrahumanas con repercusiones nefastas para su salud. La labor del despalillado estaba vinculado a la enfermedad de la tuberculosis, enfermedad que terminó con la vida de miles y miles de personas en Puerto Rico.

Esa inserción de la mujer en la fuerza laboral además forzó una dinámica distinta al interior de las organizaciones sindicales que ahora tenían que pensar cómo trabajaban con esa realidad para que no afectara los intereses del sindicato que estaba formado por completo de hombres.

Las mujeres entonces pasaron a ser parte de los sindicatos, con mucha lucha interna y externa. Ya para el 1920 había uniones de mujeres en casi todos los pueblos de la isla.

Fue en ese contexto en el cual la lucha por el voto de la mujer, lo que se conoce como la primera oleada del feminismo, tomó auge en la isla y en otras partes del mundo.

Esa lucha estuvo marcada por dos vertientes del feminismo, un feminismo de la elite criolla que tenía como objetivo la inserción de la mujer en la política desde arriba y la igualdad ante la ley de la mujer con el hombre. La mayoría de estas feministas defendían un voto restringido que dejaba fuera de las urnas a mujeres más pobres que no sabían leer y escribir.  Sus estrategias eran enviar cartas y mensajes a la legislatura insular y enfocar su trabajo en la opinión pública. También se dedicaban a trabajar clubes filantrópicos como lo fueron, por mencionar algunos, El Ropero de Niños Pobres y La Cruz Roja.

Algunas de las feministas que participaron de esa primera vertiente fueron: Ana Roqué de Duprey, Trinidad Padilla de Sanz, Mercedes Solá, entre muchas otras.

Por otro lado, existía un feminismo de clase trabajadora en donde las mujeres luchaban por el derecho al voto sin restricciones.  Además, iban más allá, y mientras se organizaban en sus centros de trabajo, generaban–con sus acciones–una radicalización mayor que señalaba que las mujeres ricas no tenían la misma realidad que las mujeres pobres. Las feministas obreras tenían que luchar por mejores condiciones de trabajo y otras necesidades que tenían como mujeres trabajadoras.

Ese grupo de feministas se desarrolló desde abajo con su ingreso al sindicalismo y los centros de trabajo. Algunas de las figuras más destacadas de esta vertiente fueron Juana Colón, Genera Pagán, Luisa Capetillo y Emilia Hernández.

Aunque el rol de las feministas de la elite criolla fue importante para avanzar la situación de la mujer, el verdadero poder social estaba en las acciones de estas mujeres de clase trabajadora que cambiaban desde los centros de trabajo, desde su comunidad, desde su núcleo familiar y desde sus vidas la forma en que se miraba a la mujer.

Podemos pensar en las huelgas de mujeres trabajadoras y en sus movilizaciones en las primeras 3 décadas de principios del siglo 20.

Una huelga que ha quedado en el olvido y que hay que rescatar es la huelga de 27 días de las despalilladoras de tabaco en el 1919 exigiendo mejores condiciones de empleo. También podemos pensar en la organización sindical de las lavanderas que arriesgaban su vida lavando la ropa, de mujeres ricas, en medio del río.

Una vez el poder de la obrera se comenzó a sentir, nunca más dejó de existir.

Rescatando luchas pasadas para organizar en el presente

No es casualidad que cuando pensamos en la lucha de la mujer en Puerto Rico los primeros nombres que nos vienen a la mente son las del feminismo de la elite criolla. Quienes han escrito y pasado la historia oficial se han encargado de que ese sea el referente.

También la historia se ha apropiado de la historia de mujeres luchadoras como es el caso de Luisa Capetillo, Mariana Bracety y Julia de Burgos, todas ellas mujeres revolucionarias de las que poco se resaltan sus ideales y liderazgo en las luchas de su época.  Ellas pasan a ser recordadas por detalles como ser la mujer que se puso pantalones, la que bordó la bandera de Lares y la poeta nacional.

En el caso de Juana Colón, una mujer negra de familia esclava, natural de Comerío, analfabeta, feminista, anarquista y socialista, su rol en las luchas obreras es prácticamente un secreto nacional.

Hoy hace falta rescatar esas luchas del pasado, esos movimientos y formas de organizarse desde abajo hablando, participando y aprendiendo de las experiencias colectivas, de los aciertos y desaciertos.

La lucha hoy

Hoy continuamos viviendo bajo un sistema capitalista que para mantenerse a flote sobrevive a costa de la explotación de la gran mayoría de la población, explotando la clase trabajadora y generando mayor pobreza.

La realidad es que quienes más sufren la crisis y las medidas de austeridad son las mujeres de clase trabajadora. Las mujeres son mayoría en el sector público, cerca de un 54%. En el magisterio solamente, el 81% de l@s maestr@s son mujeres.

La crisis ha disparado los casos de violencia doméstica contra la mujer. Históricamente las mujeres han sido las que peores viven la crisis social que provoca, por su naturaleza y su dinámica, el sistema capitalista.

La tarea de todo aquel y aquella que lucha por verdadera justicia social y libertad será organizarse de la forma en que pueda para construir luchas y resistencias, defensivas y ofensivas, en contra un sistema económico que hoy decide servirle una vez más a l@s bonistas.

Nos quieren empujar la austeridad con la excusa de la crisis. El gobierno y l@s bonistas se han organizado para provocar un estado de shock en el país, para que no haya lucha  y se justifique la privatización y el atropello contra nuestros derechos y logros ganados.

Las tareas de hoy serán armarnos de historia y demostrar que esta crisis es inherente a un sistema que solo se preocupa por el lucro y que la alternativa a ese sistema es la lucha y la organización de la gente con el objetivo de cambiar de forma radical sus vidas.

La lucha de la mujer la haremos las mujeres, sí, pero será en el contexto de una lucha mucho más amplia, una lucha nutrida por la lucha de muchos otros sectores y una que será parte de la lucha inevitable contra el sistema capital.

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